La leyenda de la moda Hubert de Givenchy

Por Claudia Gómez

A los 91 años ha fallecido el creador de la maison Givenchy, el embajador número uno del estilo chic parisino

12/Mar 2018

Nació en Beauvais, Francia, en el seno de una familia protestante de raíces italianas. Hubert James Marcel Taffin de Gi-venchy, más conocido como Hubert de Givenchy, era el hijo menor del marqués Lucien Taffin de Givenchy y de Beatrice Badin. Su padre se contagió de gripe y murió dejando a Hubert solo con su madre y su hermano mayor Jean Claude, quien heredó el marquesado de la familia.

De niño le gustaba visitar a sus primas que se hacían sus vestidos y miraba las revistas de moda, se fijaba en los modelos de Balenciaga, los que le encantaban por el corte, sencillez y allure. Su primer contacto con la moda fue cuando tenía diez años y visitó el Pabellón de la Elegancia en la Exposición Universal de 1937.

“Para un joven de provincia como yo, entrar en un sitio repleto de abrigos de piel, por aquel entonces estaba de moda el zorro plateado, me quedé fascinado.Ver todos esos maniquís, todos esos vestidos de Jean Patou”...recordó en una entrevista.

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Pero, sin lugar a dudas, la primera influencia por la moda fue su abuelo materno, Jules Badin. Él poseía una fábrica de tapices y además coleccionaba telas y muebles. Desde joven tuvo la intención de dedicarse a la moda, pero en aquel tiempo eso era mal visto, en su casa querían que fuera abogado.

“Con 15 años tomé un tren hacia París sin pedir permiso. Fui a presentar-le mi colección de bocetos a Cristóbal Balenciaga”. Pero el asistente de Balenciaga lo echó del salón tirándole un jarro con agua fría.

Tendrían que pasar muchas cosas antes de realizar su sueño de conocer al diseñador. Un año después ya se encontraba estudiando en Bellas Artes, en la capital francesa, formándose al filo de las agujas. Su estilo recogía las influencias de Dior, la fantasía de Elsa Schiaparelli y el espíritu chic de Fath.

En ese tiempo conoció al también couturier Philippe Venet, quien se convirtió en su mejor amigo. En 1952 abrió su propia firma Casa de Modas Givenchy y presentó su primera colección que fue todo un éxito, elaborada casi por completo en popelín de algodón.

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Fue el primer diseñador en presentar una colección pret a porter. En 1953 conoció a sus grandes musas, Audrey Hepburn y Jacqueline Kennedy, con quienes mantuvo una estrecha relación personal y laboral. Pero su amistad verdadera fue con Audrey, ella se llevó toda una colección para lucirla en el filme Sabrina y eso catapultaría al diseñador al estrellato global.

Ningún otro modisto volvería a encargarse del vestuario de la actriz en sus películas. El hijo de Audrey en su bautizo lució un ropaje confeccionado por Givenchy. En ese tiempo hubo rumores de un romance, “eso era absolutamente falso, pero era comprensible. Íbamos juntos a todas partes y muchas veces porque me lo pedía su marido Mel Ferrer, que no podía acompañarla" comentó en su momento.

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Muchos recuerdan cuando Edith Head, la todopoderosa de la Paramount, no quiso mencionar a Hubert de Givenchy cuando recibió el Oscar por Mejor Vestuario por Sabrina en 1954. Audrey estaba furiosa. ‘‘Esto no volverá a ocurrir. Ahora voy a firmar un contrato de exclusividad contigo para que hagas el vestuario de todas mis películas’’, le planteó la actriz a Givenchy. Y así fue.

Años después, cuando ella se enfermó, fue trasladada a Suiza. Audrey dijo a su entrañable amigo, “gracias por la alfombra mágica... Hubert, elige uno de esos tres abrigos que ves ahí”. Él eligió uno en color azul, se lo entregó y ella lo abrazó y le afirmó, “cada vez que te sientas triste o solo, póntelo porque yo te estaré abrazando”.

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A su muerte, en 1993, una de las cinco personas que portaron el féretro de la actriz fue él. Esa es una de las tantas anécdotas que marcan la historia del diseñador, quien no olvida el día que Balenciaga, a quien por fin conoció en 1953 y se convirtió en su mentor, cerró su atelier y cruzó la avenida Georges V de la mano de Madame Mellon, su mejor clienta, “vinieron a mi taller, que estaba enfrente y él le dijo, ‘ahora deberías vestirte aquí, donde Givenchy”.

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En los 60, Givenchy se consolidó como uno de los grandes de la moda. Todos conocían su estilo inconfundible que eternizó en galas, estudios de cine e incluso en momentos tristes e históricos como el memorable funeral de John F. Kennedy, en 1963, cuando las mujeres de la familia iban vestidas de Givenchy. En 1988, después de décadas de éxitos, Hubert vendió su empresa al gigante LVMH, aunque se mantendría activo hasta 1995, ofreciendo su último desfile por todo lo alto acompañado por su gran amigo Philippe Venet.

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Antes de su muerte, el conde Hubert de Givenchy vivió rodeado de un lujo versallesco, recordando esos años maravillosos que marcaron un antes y un después en el mundo de la moda.

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