La boda de Atenas Hernández y Juan Merino

Por Claudia Gómez

Contagiados de felicidad, Juan Merino y Atenas Hernández comparten en exclusiva con ESTILO la historia de su romance y los momentos memorables de su boda vintage en el imponente Cristo del Picacho, una celebración para recordar.

18/Jul 2019

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Dulce momento en que Juan y Atenas salieron de la iglesia tras finalizar la ceremonia
Dulce momento en que Juan y Atenas salieron de la iglesia tras finalizar la ceremonia /

Faltaban apenas unos días para su esperada boda cuando nos reunimos con Atenas Hernández y el diplomático español, Juan Merino. Era imposible ocultar su felicidad. Entre sonrisas, miradas cariñosas y gestos cómplices que insinuaban su dicha, la pareja abrió su corazón y narró al staff el principio de su historia que comenzó con una casualidad y culminó en el altar.

Juan, quien nació en Burgos y fue nombrado en su primer cargo diplomático a los 25 años, llegó a Honduras a mediados de 2011, proveniente de Albania, donde fue Cónsul y Segunda Jefatura, los mismos cargos que desempeñaría en la Embajada de España en nuestro país.

Tenía apenas dos meses de haber llegado a Tegucigalpa cuando conoció a Alex Larach, quien pronto se convertiría en su amigo y también en su cupido. Cuando Alex le preguntó qué le parecía Honduras, Juan contestó de forma espontánea, “estoy encanta-do con el clima, la comida, y además se habla español, me siento como en casa!

Lo único es que aún no he conocido una chica bonita”. Alex exclamó de inmediato, “aquí hay mujeres bellas”, en ese momento sacó su teléfono dispuesto a mostrarle las fotografías de sus amigas y casualmente la primera imagen que apareció fue la de Atenas Hernández, “está bonita tu amiga, no he visto una así en la calle” exclamó Juan.

Transcurrieron algunos días y mientras hacía unas compras con algunos amigos, entre ellos Alex, Juan tomó de un stand una edición de Estilo. Hojeó despacio las páginas y de repente se detuvo en una de ellas, “aquí está tu amiga Amsterdam”, le dijo a Alex, quien contestó, “no, ella es Atenas. Desde entonces fue bautizada como La chica de Estilo”, dice el cónsul entre risas. El destino no tardó en intervenir y pronto la pareja coincidió en una despedida para Alex.

“Reconozco que quise hacerme el interesante y cuando nos presentaron sólo le dije Juan Merino”, comenta. Pero cuando uno de sus amigos escuchó el nombre de la joven exclamó, “si ella es Atenas, la chica que has rescatado de Estilo y has pegado su foto en tu cuarto”. Ante la inesperada broma, Juan no sabía cómo reaccionar, mientras las amigas de “la chica de Estilo” se reían de la ocurrencia. Esa noche la pareja casi no se habló.

Sin embargo, llegaría un nuevo encuentro en un restaurante donde se sentaron juntos y tal como describe Atenas, ella descubrió al hombre excepcional que es Juan. La plática se volvió interminable, entre temas de arte, política, Honduras, España y finalmente la finca de café de la familia de Atenas en Lempira.

Mientras charlaban, Juan esperaba el momento preciso para desmentir a su amigo y decirle que él no tenía una foto de ella en su cuarto, “pero el momento nunca llegó”. Días después, Atenas decidió regalar a Juan un package de café proveniente de la finca familiar.

Se dirigió al edificio de condominios donde él residía y donde también vive su amiga Karla Abrego, quien le ayudó a empacar el obsequio, “no sabía que escribirle en la nota y después de tanto pensar sencillamente le anoté un mensaje breve, ´disfruta este café todas tus mañanas´ y se lo envié”, recuerda.

Juan asegura que cuando recibió el obsequio firmado por Atenas fue muy emocionante, “yo estoy a mil kilómetros de mi país, no tengo familia…era un detalle que de repente, cuando menos me lo espera-ba, me hizo sentir muy especial. Fue la primera vez que me sentí en casa en Honduras”.

Y nació el amor

En agradecimiento, Juan invitó a cenar a Atenas. Era la primera vez que salían solos, “fue ahí que me gustó de verdad, físicamente ya me atraía, es una mujer bonita, pero ya conversando empecé a conocer su personalidad y me conquistó”.

Mientras, ella sabía que había encontrado a un hombre excepcional con el que tenía muchas cosas en común. Se vieron nuevamente en una fiesta de la Embajada de Corea, “era emocionante volverlo a encontrar”, dice ella. Luego, sus encuentros dejaron de ser coincidencia, al contrario, cualquier pretexto era bueno para estar juntos.

Y así, surgió el amor. “Yo empecé a salir con Atenas antes de que ella empezara a salir conmigo”, dice Juan con humor. Y es que tal como explica, él proviene de una cultura muy diferente y poco a poco fue aprendiendo que en nuestra sociedad las relaciones cobran un matiz distinto de formalidad que comienza con la clásica pregunta, ¿quieres ser mi novia? En octubre de 2011 Juan viajó a España para disfrutar cinco semanas de vacaciones con sus padres.

Sin embargo, no deseaba estar lejos de Atenas y cambió el ticket de vuelo para regresar antes de lo previsto. “Cambié el billete para verla, yo ya consideraba que era mi novia, claro que estábamos empezando, no sabía que tenía que preguntarle formalmente a ella y luego pedirle permiso a su papá”, comenta Juan con una brillante sonrisa.

Entonces él ya estaba seguro del rumbo que toma-rían las cosas. “Desde siempre pensé que cuando me tocara casarme lo sabría pronto y con Atenas lo vi claro”. El noviazgo se fue fortaleciendo poco a poco. Juan pasó las fiestas de Navidad con ella y su familia, con la que se integró de inmediato.

“Una de las primeras en estar ilusionada con esa relación fue mi abuela. Ella ama a Juan. Mi papá lo aprecia mucho y mi mamá miraba la boda desde siempre. Los dos venimos de familias pequeñas y unidas”, dice Atenas mientras Juan agrega, “yo los adoro! Son la mejor familia política que he podido tener”.

ESPERA MUY PRONTO LA SEGUNDA PARTE DE LA HISTORIA DE ATENAS Y JUAN...

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