Jackie Kennedy, ícono de una era

Por Claudia Gómez

Fue la primera dama de los Estados Unidos desde 1961 hasta que asesinaron a su esposo JFK en 1963. Con su imagen, revolucionó el estilo de la moda y se convirtió en icono. Bella, discreta y elegante, repasamos a la mujer detrás del mito.

21/Mayo 2019

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Ella es considerada la primera dama más preparada y glamorosa de Estados Unidos
Ella es considerada la primera dama más preparada y glamorosa de Estados Unidos

Jackie. Basta su nombre para anticipar que nos disponemos a recordar a una leyenda. El 19 de mayo se cumplieron 25 años de la muerte de la primera dama más famosa de la historia, cuyo esposo, el presidente John F. Kennedy, terminaría siendo asesinado en aquel día nefasto que América se niega a olvidar. Han corrido ríos de tinta sobre la vida de Jacqueline Lee Bouvier, antes y después de su llegada a la Casa Blanca.

Reveladores libros nos han develado facetas oscuras de la impecable y sofisticada dama que con su estudiado estilo discreto se ganó a pulso el título de icono de la moda. Con una belleza muy particular, Jacqueline nació el 28 de julio de 1929 en Southampton, Nueva York. Se educó en las mejores escuelas privadas, estudió ballet, aprendió a montar a caballo y escribía poemas y cuentos que ella misma ilustraba.

Su padre, John Bouvier, de origen francés, era corredor de bolsa en Wall Street y su madre, Janet Lee, era hija de un rico banquero y estaba obsesionada con el lujo, la etiqueta y los convencionalismos sociales. La pareja, que tuvo dos hijas, se divorció a raíz de los problemas económicos que surgieron cuando el esposo, un mujeriego y bebedor empedernido, quedó en la ruina.

Jackie amaba a su padre, quien se dice, le enseñó siempre la importancia de guardar las apariencias. “No dejes nunca que adivinen tus pensamientos. Guarda tus secretos. Sé misteriosa, ausente, lejana, un enigma hasta el último de tus días”, le aconsejaba su padre, y vaya si siguió al pie de la letra esas palabras.

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Janet se casó por segunda vez con un millonario, lo que permitió que sus hijas vivieran entre lujos y privilegios y que además Jackie tuviera acceso a una refinada escuela para señoritas de la alta sociedad, en Connecticut, para estudiar idiomas y literatura. A los 18 años ingresó en la selecta universidad femenina de Vassar, donde la apodaron “Princesa Borgia”.

Permaneció muy poco tiempo pues pronto ganó una beca para estudiar en la Sorbona de París. En 1951, regresó a Norteamérica y gracias a las influencias de su padrastro, le dieron trabajo como reportera gráfica en el Washington Times Herald.

No era precisamente el futuro que su madre tenía planeado para ella, pero su ascenso al trono
estaba a punto de comenzar. A pesar de que sus primeros trabajos eran irrelevantes, le permitió empezar a conocer a personajes importantes.Entre ellos, el político más seductor y atractivo de Nueva York. Por aquellos días Jackie estaba comprometida con el corredor de bolsa John Husted, pero tras conocer al millonario senador, el amor salió por la ventana y la ambición entró por la puerta.

Ella era sin duda la mujer perfecta para el futuro presidente de Estados Unidos. Pero lo que parecía un cuento de hadas, pronto se volvería pesadilla. La emoción del matrimonio duró poco. El efecto “príncipe azul” se desvaneció rápidamente cuando JFK comenzó a tener amantes solo unos meses después de su casamiento.

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Y no fue solo Marilyn Monroe, tal vez ella fue su rubia debilidad más famosa, pero la lista fue interminable. Traicionada, sola y abandonada, a Jackie le costaba cada vez más esconder la angustia que le provocaban las continuas infidelidades de su esposo. Sin embargo, la llegada de sus hijos fue un aliento en su vida.

Tras sufrir un aborto en 1955, volvió a quedar embarazada un año más tarde. Aquella niña iba a llamarse Arabella, pero diversas complicaciones impidieron que pudiera sobrevivir al parto. La niña nació muerta, una tragedia de la que el político demócrata no supo nada hasta tres días después, ya que estaba a bordo de un crucero con varias mujeres jóvenes. Al fin nació Carolina, en 1957; tres años más tarde le tocó el turno a John Jr., quien moriría trágicamente a los 37 años junto con su esposa Carolyne Bessette.

A pesar de las tragedias personales de Jackie, su reinado llegó en 1961, cuando su esposo fue juramentado presidente de Estados Unidos. Ella era la socia perfecta que JFK necesitaba en la Casa Blanca. Discreta, silenciosa, culta, refinada, bella, y joven, muy joven, apenas tenía 31 años cuando se convirtio en Primera Dama.

Pero a puerta cerrada, no todo era felicidad. Los escándalos estaban a la orden del día pero ella callaba y se dedicaba a rediseñar la Casa Blanca e imponer su look, perfeccionado con los diseños de Oleg Cassini. Apasionada del arte, fue la primera en acoger artistas y músicos en la Casa Blanca y en dotarla de estilo.

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Se embarazó de nuevo, pero el bebé no llegó a nacer. Seis meses después, el 22 de noviembre de 1963, el golpe más fuerte llegó cuando JFK fue asesinado en Dallas. El mundo estaba de duelo y ella, viuda a los 34 años, pronto encontraría consuelo en los brazos de no uno, sino dos nuevos amores que respondían a los nombres de Robert y Edward Kennedy, hermanos de su esposo.

Otro escándalo en puerta. “Estoy enamorada de dos hombres al mismo tiempo” le dijo Jackie a Truman Capote. Según diversas publicaciones, ellos no fueron los únicos ya que Jackie pasó por la cama de Marlon Brando, Paul Newman, Warren Beatty, Gregory Pecky y Frank Sinatra. Pero ninguno de ellos se comparaba a su nuevo pretendiente, uno mucho más poderoso que cualquier otro, el magnate griego Aristóteles Onassis, 20 años mayor que ella. Eran muy distintos pero él pagaba sin chistar las exageradas facturas de las interminables compras de la fashion icon.

En 1975, Onassis murió y dejó una herencia de casi dos mil millones de dólares. Viuda, por segunda vez, salió un tiempo con el comerciante de diamantes Maurice Tempelsman, sin embargo, pasó sus últimos años viajando, trabajando como editora de libros y cuentos infantiles, hasta que un cáncer la condenó inexorablemente.

Ella misma preparó su propio funeral y el 19 de mayo de 1994 falleció rodeada de sus hijos y fue enterrada en el Cementerio Nacional de Arlington junto a su primer esposo.

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