Nada se compara a Bora Bora, una isla mítica de extraordinaria belleza en el archipiélago de Leeward en la Polinesia Francesa. Su laguna exterior, rodeada por un anillo de coral, es la piscina natural más espectacular del mundo.
Antiguamente conocida con el nombre de Mai Te Pora (que significa creada por los dioses) esta isla es, según la leyenda, la primera tierra que surgió de las aguas después de Raiatea, y que estuvo durante mucho tiempo gobernada por mujeres.
A su llegada al aeropuerto de Papeete, los visitantes son recibidos por grupos de vahines (muchachas vestidas con los trajes tradicionales), que les entregan collares trenzados de flores y les saludan con simpatía. Y después se salta a una lancha para recorrer la laguna de camino a la isla. Es difícil imaginar una llegada más romántica a una isla que por mar, surcar las aguas y desembarcar después al pequeño y extraordinario reino de Bora Bora.
Ubicada al noroeste de Tahití a unos 260 kilómetros al noroeste de Papeete, Bora Bora está formada por un volcán extinto; rodeado por una laguna separada del mar por un arrecife. El visitante no puede dejar de maravillarse con la vista de su imponente volcán cuartelado que enarbola la inmensa silueta de sus dos famosos picos, los montes Pahia y Otemanu, cuyos colores verdes contrastan con la mezcla de zafiro, jade y turquesa de sus aguas.
Conocida como la más hermosa del mundo, la laguna de Bora Bora, abierta al océano por el paso de Teavanui, es una piscina natural multicolor y luminosa en la que puedes disfrutar toda clase de deportes acuáticos: vela, submarinismo, motos de agua, snorkeling y windsurfing, entre otros.
Aquí, donde según se dice vivieron los dioses de la mitología polinesia, hoy se encuentran lujosos hoteles formados por bungalows con suelo de cristal que permite contemplar el fondo marino desde la cama. Sus playas son increíblemente blancas y su laguna profundamente azul.