La adrenalina sube al máximo en cualquiera de las 86 reservas naturales sudafricanas, 18 de las cuales son Parques Nacionales. Cada una de ellas es garantía de asombro ante la belleza y la exuberancia de su fauna y flora. Y aunque recorrerlas en un solo viaje es definitivamente una misión imposible, hay algunos sitios que puedes descubrir en una inolvidable jornada. En una primera visita al país, el Kruger National Park es un must.
Creado en 1889, este parque sorprende más que por su enorme extensión de 19 mil kilómetros cuadrados, por los animales que lo habitan: más de dos mil leones, 9 mil jirafas, 5 mil rinocerontes blancos, y más de once mil elefantes, entre otras especies. Es el lugar de mayor tamaño en donde es permitido la caza en Sudáfrica, así como el espacio ideal para los amantes y expertos en animales, puesto que allí se encuentra la mayor concentración de mamíferos en el mundo. Ahí hay varias opciones de alojamiento.
Existen 11 refugios exclusivos para safaris, 7 refugios privados y 21 campamentos. Los meses más recomendables para visitarlo son julio y agosto, ya que la hierba es de poca altura y los árboles y plantas han perdido el follaje, permitiendo una mejor vista y claro, impresionantes fotografías para el recuerdo. El Parque Nacional Pilanesberg, el quinto más grande del país, también es una visita obligada. Situado en el cráter de un gigantesco volcán extinguido, cercano a Sun City, tiene un paisaje único de montañas, praderas, arroyos y lagos, con curiosas y muy interesantes formaciones geológicas debido a su origen volcánico. El visitante también se encontrará con sitios arqueológicos de gran interés y sobre todo, una enorme variedad de animales salvajes y una abundancia inusual de coloridos pájaros.
La siguiente parada es el Addo Elephant Park, situado a unos 70 kilómetros de la ciudad de Puerto Elizabeth, en la provincia del Cabo Oriental. El parque cuenta con un área de 148 mil hectáreas y está ubicado en un bosque natural a los pies de la Cordillera Suurberg y en las orillas del río Maitland. Este parque fue creado en el año 1931 con el fin de poder proteger a los últimos elefantes que habitaban en esta zona y que se encontraban en grave peligro de extinción, ya que muchos agricultores los cazaban para que no destrozaran sus cultivos. En la actualidad es hogar de centenares de paquidermos, además de algunos rinocerontes, búfalos, jirafas, cebras, elands, kudús y antílopes.
De ahí nos trasladamos a la Reserva Natural del Cabo de Buena Esperanza. Ubicado en el extremo sur de la península, este mítico lugar se extiende sobre unos 40 kilómetros de costa con una gran cantidad de hermosas playas, además de una meseta por donde se pueden ver a los antílopes correr libremente, así como observar el vuelo de una infinidad de aves de las especies más diversas. Otro imperdible es el Parque
Nacional de Kalahari Gemsbok, un desolado paraíso donde las fuerzas naturales se manifiestan con todo su poder. El desierto se extiende por el oriente de Namibia, Botswana, Zimbabwe y el río Orange. Sus 9.600 kilómetros cuadrados de arena intensamente roja son el último refugio de los primitivos bosquimanos, nómadas que aún subsisten de la caza, la recolección de la miel y raíces y los frutos de plantas salvajes. En la costa este, entre Suazilandia y el Océano índico, las Reservas Naturales de Hluhluwe y de Umfolozi poseen una fauna muy rica en la que destaca una población de unos mil rinocerontes blancos.
A orillas del mar, se encuentra el estuario de Santa Lucía, esta desembocadura es conocida por su importante población de hipopótamos, cocodrilos y pájaros. Creado en 1979, el Parque Natural de Karoo, al norte de la provincia del Cabo, alberga algunas especies raras como la cebra de montaña, el ñu de cola blanca, numerosas gacelas saltarinas, antílopes y águilas negras que también vale la pena descubrir. Mientras, en la provincia de Kuazulu Natal, se encuentra la reserva Thanda, en el corazón de Zululandia.
El lugar es ideal para hospedarse en tiendas de campaña estilo colonial, ir de safari en busca de leones, rinocerontes, elefantes, búfalos y leopardos, bucear con tiburones en las cálidas aguas del vecino océano índico y sorprenderse con los rituales centenarios de los guerreros zulúes. Las reservas privadas, auténticos ecosistemas gestionados por organismos que se ocupan al mismo tiempo del turismo de alta gama y de la protección del patrimonio natural, se encuentran esencialmente en las regiones de Mpumalanga y de KwaZulu-Natal.
Las tarifas de estos Game Lodges, como se les conoce, son muy superiores a las de los campamentos tradicionales pero sus instalaciones y servicios son excepcionales. Aquí no existe asfalto ni horarios de visita: guías experimentados te llevarán a bordo de vehículos Land Rover descapotables a sólo algunos metros de los tigres, elefantes y rinocerontes. Y luego de disfrutar un tratamiento de spa en medio de la selva, puedes compartir una cena bajo las estrellas y alrededor de una fogata y finalmente descansar en confortables y lujosas tents. Y aunque la lista apenas comienza, este breve recorrido es apenas un preámbulo de toda la magia que espera al visitante en Sudáfrica, un país que definitivamente hay que descubrir.
PARA TOMAR EN CUENTA
No olvides incluir en tu equipaje protector solar, repelente de insectos y medicamentos de venta libre, así como vestuario ligero para el día, y prendas un poco más cálidas para las frías temperaturas nocturnas.
DE LUJO
Las tiendas de campaña de los lodges ofrecen todas las comodidades de un hotel urbano, con tarifas que llegan hasta los mil dólares por noche. Si buscas algo más accesible, los campamentos de los parques y reservas naturales resultan tu mejor opción.
LODGES
La aventura de hospedarse en un lodge en medio de la selva africana es toda una aventura. Londolozi Game Reserve, Thanda Private Reserve, Jock Safari Lodge, Nkomazi y Gorah Elephant Camp ofrecen servicios de lujo.