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1 / 9A simple vista, todo parece estar bien. Cumples con tu trabajo, respondes mensajes, asistes a reuniones, haces ejercicio, sales con amigas y hasta logras tachar pendientes de tu lista. Desde afuera, eres “productiva” y “responsable”. Pero por dentro, algo no encaja; el cuerpo está en alerta constante, la mente no se apaga y el descanso nunca es suficiente. Eso que muchas personas normalizan como estrés cotidiano tiene un nombre: ansiedad funcional.
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2 / 9La ansiedad funcional, también conocida como ansiedad de alto funcionamiento, es cuando las personas que parecen funcionar con normalidad en su vida diaria experimentan síntomas de ansiedad en su interior. Es decir, pueden destacar en el trabajo, cumplir con responsabilidades y mantener relaciones aparentemente estables, mientras lidian con preocupación constante y tensión interna.
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3 / 9Aunque la ansiedad funcional no está reconocida como un trastorno clínico en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), esto no significa que carezca de impacto. La ansiedad en general es una respuesta emocional humana natural a situaciones de estrés o amenaza, pero en este caso se mantiene activa de forma persistente y puede afectar la calidad de vida.
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4 / 9Aunque cada caso es diferente, varios patrones suelen repetirse: preocupación excesiva, pensamientos en bucle sobre el futuro, perfeccionismo, miedo a decepcionar a otros, dificultad para relajarse, autoexigencia extrema y dudas persistentes sobre uno mismo. A nivel físico también puede haber tensión muscular y problemas de sueño.
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5 / 9Es común pensar que estar siempre ocupada, preocupada o exigirse demasiado es parte del estilo de vida moderno. Sin embargo, cuando estos patrones son constantes y afectan tu bienestar, concentración, descanso o relaciones, dejan de ser adaptativos y comienzan a interferir con tu calidad de vida, incluso si no se manifiestan de forma evidente.
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6 / 9Cuando la ansiedad funcional se ignora o se normaliza durante mucho tiempo, puede evolucionar hacia trastornos de ansiedad más severos, depresión, agotamiento emocional (burnout) y problemas físicos como insomnio crónico, dolores musculares persistentes, trastornos digestivos y debilitamiento del sistema inmunológico.
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7 / 9Además, la constante autoexigencia y el estrés prolongado aumentan el riesgo de aislamiento social, dificultad para disfrutar la vida y una sensación profunda de vacío, incluso en personas altamente exitosas. Abordarla a tiempo no solo previene estas complicaciones, sino que abre la puerta a una vida más equilibrada y emocionalmente sana.
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8 / 9Hablar con un profesional de la salud mental puede ayudarte a evaluar tus síntomas y diseñar una estrategia de manejo personalizada. Terapias como la cognitivo-conductual (TCC) han demostrado ser efectivas para reorganizar patrones de pensamiento, reducir la autocrítica y aprender a gestionar la ansiedad de forma saludable.
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9 / 9Además del apoyo profesional, prácticas como mindfulness o atención plena, ejercicio regular, descanso adecuado y establecer límites personales pueden aliviar la carga interna. Construir una red de apoyo y aprender a aceptar imperfecciones o pedir ayuda también son pasos clave hacia un equilibrio más sano.
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