Hasta ahora, esta es quizá la historia más difícil que me ha tocado contar. Pero también, una de las más extraordinarias. Está escrita de muchas maneras; con el dolor latente de la ausencia, la nostalgia de los recuerdos y la silenciosa tristeza de las lágrimas. Pero sobre todo, está impresa con un cúmulo de emociones encontradas, con la admiración, el orgullo y el desbordante amor de las personas que Ian Merriam iluminó con su sonrisa, con su positivismo…con su maravillosa existencia.
Brillante, como una estrella fugaz, su destino fue irradiar su luz por un tiempo breve, pero lo suficientemente intenso para dejar en los que lo conocieron tan bien, -y en los que apenas compartimos algunos momentos con él-, una huella indeleble, impresa con un carisma del que sólo él parecía tener la fórmula. Contar su vida a través de las palabras de los seres que más lo amaron fue doloroso para ellos, pero al mismo tiempo se convirtió en la mejor manera de dejar constancia que existió alguien con una magia especial, un ser humano único e irrepetible, cuya vida se apagó en un desafortunado accidente el 26 de junio de 2010.
La corta pero intensa historia de Ian Henry Merriam Rubiano comenzó a escribirse el 11 de abril de 1972, cuando llegó al mundo dispuesto a robarse, primero, el corazón de sus padres, Henry y Ana Merriam, luego, el de sus cuatro hermanos, Jim, Ruy, Ken y Ana Rocío, y así, posteriormente, el de todas las personas que tuvieron la fortuna de conocerlo.
Desde que era un niño, era un ser de luz, dadivoso, noble y desinteresado. La generosidad era una de las tantas cualidades que comenzaban a notarse en él desde muy pequeño, cuando en las piñatas a donde su madre lo llevaba, disfrutaba repartir los dulces que había conseguido entre los que no tenían nada.
Como dice su hermano Jim, "él era extrovertido desde que nació. Amante total y de forma irrever-sible de los cereales, los comics y las pijamas". Ambos hermanos compartían un sueño en común, "coleccionar los mejores tesoros de nuestra niñez: todos los comics, habidos y por haber, de los últimos 50 años de Elfquest, Tintin, Asterix, Barbapapa, Dr Seuss y en especial los de Carl Barks, de Uncle Scrooge y Donald Duck (y muchas series más) para luego hacer una bóveda literaria de tesoros, comparable y superior a las mejores Cavas Medievales de Vinos, para luego compartirla!"
Al crecer en una familia de arraigados valores, era de esperar que Ian resultara ser un buen hijo, y especialmente un buen hermano, "nuestros padres nos inculcaron la importancia de la familia, una lección sin esfuerzo que mis hermanos y yo hemos disfrutado muchísimo", dice Ruy, y agrega, "Ian, como hermano y amigo, fue increíble. Recuerdo que un día me pregunto porqué andaba triste y le conté en secreto que se me había caído un diente y que el ratoncito no había llegado. La siguiente mañana sentí que se estaba moviendo mi almohada, y haciéndome el dormido para no asustar el ratoncito, vi como Ian recogió mi diente y me dejó 5 lempiras. Varias semanas después le conté que lo había visto y él me dijo que lo que había sucedido era que el ratoncito se había equivocado de almohada. Y así fue siempre mi hermano".
Mientras, Ken, 8 años menor que Ian, lo recuerda como un adolescente seguro de sí mismo, ávido lector, al que nunca le hacían falta los amigos. "Las paredes de su cuarto estaban cubiertas por dos cosas: libros y medallas de natación. Gracias a él, yo obtuve un interés por la lectura a temprana edad; me encantaba leer su colección amplia de comics y libros de ciencia ficción".Aunque la menor del clan, Ana Rocío, nació cuando Ian tenía 13 años, ella también lo recuerda como el protector, "él se encargaba de cuidar a 4 hermanitos y lo hacía de las maneras más divertidas y cariñosas. Ian siempre logró mantener algo de su niñez para comunicarse con nosotros: compartía libros y cuentos que a nosotros nos encantaban, jugaba con nosotros. Aún en su último día, él tenía libros y paquines que nos prestaba. Fue un hermano fabuloso, que siempre tenía en mente nuestro bien y felicidad". Y es que desde siempre, él fue una especie de súper héroe para sus hermanos, que aprendieron a admirarlo desde que tienen memoria. A medida pasó el tiempo y todos crecieron, fueron encontrando nuevas razones para sentirse orgullosos de Ian, "admiraba su persistencia en no poder decirle ´no´ a las personas que buscaban de su atención, ayuda o colaboración, aún en las situaciones más inconvenientes para él mismo", dice Jim.
De la misma manera, Ruy admiraba en Ian esa cualidad de ser incondicional con todos, "se multiplicaba en formas incomprensibles, casi sobrehumanas, para apoyar a su familia y amistades sin que se le pidiera", dice y agrega "es tan increíble por todo lo que hacía". Para Ken, Ian siempre fue emprendedor y decisivo. "El tenía muchas aspiraciones pero nunca las priorizaba sobre las necesidades de los demás, especialmente la familia. Y esto es algo muy único de él. Siempre admiré su determinación, su carisma, sentido de humor y don de empatía. El lograba inspirar optimismo y esperanza en momentos duros y difíciles", asegura.Las palabras de Ana Rocío también destilan orgullo, "mi hermano mayor era sumamente emprendedor y determinado. Logró hacer mucho, y en general lo que él hacía era más para el beneficio de otros que para él. Como Ruy una vez mencionó, Ian siempre estaba tratando de hacer dos cosas cuando uno se encontraba con él: o tratar de hacerlo reír, o tratar de ayudarlo de una manera u otra". Henry Merriam dice sentirse orgulloso por tres cualidades de su hijo mayor; "la determinación: una vez que él identificaba un objetivo, era constante su esfuerzo por alcanzarlo.
Esta característica explica sus logros profesionales a temprana edad y especialmente en el deporte en el que fue campeón nacional, fue un ejemplo para sus hermanos y sentó una pauta para ellos. También fue un ejemplo para mí. Su segunda cualidad, su deseo de ayudar. No recuerdo una sola vez en que yo, habiendo solicitado su ayuda, no la haya tenido, muchas veces también sin que la haya solicitado. La tercera, es la que más me impresionó a lo largo de mi amistad con él. Siempre que yo lo visitaba me recibía con alegría, aún en aquellas ocasiones en que sabía que me acercaba a él para solicitar su apoyo. Luego supe que esta manifiesta alegría por ver a alguien era uno de sus dones, que otorgaba a cualquier persona que se le acercaba. Nos hacía sentir oportunos y gratos a él, sin importar la carga de trabajo que en ese momento tuviera. Estas tres cosas hicieron de él un hombre excepcional".
PURO AMOR
Ian se graduó de la Escuela Americana y luego partió a Texas, Estados Unidos, donde inició sus estudios superiores que luego concluyó en Boston, donde destacó en el equipo de natación de la Universidad de Babson. Ahí conoció al amor de su vida, María Fernanda Mendoza, una joven venezolana que tres años después se convertiría en su esposa, su compañera inseparable.
El halo de tristeza en el rostro de Marife, como todos la llaman, es inevitable. Sin embargo, motivada por la idea de rendir este último homenaje a Ian, aceptó conversar unos minutos sobre los momentos memorables que vivió al lado de él los últimos 20 años. El tono de su voz cambiaba a cada momento y de repente, una pausa era necesaria para espantar las lágrimas que llegan de golpe con los recuerdos. "Nos conocimos en Boston y creo que si no fue amor a primera vista, por lo menos fue un chispazo a primera vista. Comenzamos a salir juntos y a convertirnos en inseparables. Al principio no lo tomábamos tan en serio, pero poco a poco esa atracción se convirtió en amor y nos dimos cuenta de que no podíamos estar el uno sin el otro", recuerda.
Luego de tres años, cuando estaban por terminar sus estudios, se comprometieron, y se unieron en matrimonio el 31 de julio de 1993. "Nos casamos en Tegucigalpa por lo civil y en Venezuela por la iglesia. Fue una boda gigante de 800 invitados, bellísima; pasamos toda la noche bailando, cerramos las puertas del salón a las 7 de la mañana".
Comenzaron su vida como esposos en Houston, donde Ian fue contratado por una empresa llamada Bray Valves and Controls, 8 meses después, y gracias a sus habilidades, lo nombraron gerente general de la subsidiaria de México, situada en Guadalajara. Posteriormente fue nombrado gerente para toda Latinoamérica y realizaba constantes viajes en los que siempre que era posible, lo acompañaba su esposa.
Casi tres años después del matrimonio, Marife comenzó a sentirse un poco cansada físicamente, "decidí hacerme un examen de sangre, pensábamos que era anemia. El laboratorio estaba cerca de la oficina de Ian y fue él quien recogió los resultados, me llamó y me dijo que sí, que tenía una gran anemia y que pronto llegaría a casa con indicaciones y medicinas...Las medicinas eran una hielera y dos botellas de champagne...en nuestro caso fue el esposo quien dio la noticia maravillosa del primer hijo…"
La pareja, a la que luego se sumó su primogénita Ana Isabella, vivió casi 5 años en México y luego llegaron a Honduras, donde establecieron las bases de su familia en la que pronto serían recibidos sus otros dos hijos, Luciana e Ian Matteo. La felicidad fue constante, Ian disfrutaba su papel de padre y compartía con sus hijos las cosas grandes y pequeñas de la vida, "cuando alquilaban películas, no escogían una, llegaban a la casa con 5. Cuando visitábamos parques temáticos, disfrutaba mucho con ellos de todas las atracciones. El verano pasado, en un viaje a la Isla de Margarita; los mantuvo anonadados durante tres días contándoles de memoria un libro que acababa de leer de Percy Jackson. Esperaban juntos con mucha ilusión cada estreno de las películas de Harry Potter. Era exageradamente complaciente y a veces hasta hacían la picardía de ir a comer postre, antes de cenar.... Pero también era un papá muy responsable que les exigía muchísimo en cada cosa que hacían…lo extrañamos muchísimo, él era espectacular en cada cosa que hacía".
Como relata Marife, vivir con Ian fue una anécdota maravillosa, "tantas cosas que hacíamos juntos y disfrutábamos… hacer planes y viajar con los niños, esquiar juntos en la nieve. Nos gustaba salir, él era el alma de las fiestas… Todos los días era un wow con Ian, era intenso y entregado hasta más no poder", agrega.
COSECHANDO AMOR
Ian era todo corazón, y como cuenta su esposa, lo demostraba a cada momento. Como aquel domingo en la iglesia, cuando de repente ella lo encontró conversando con una no vidente que no conocía pero que minutos más tarde él subió al carro para llevarla a su casa, o como sus espontáneasconversaciones y su trato gentil con las personas que se encontraba en todas partes, independientemente si las conocía o no, "él tenía una particularidad, vivía para que la gente que estuviera a su alrededor se sintiera cómoda y se entregaba tanto que hasta al señor que barría la calle lo hacía sentir bien. El complacía a todo el mundo".
Sin imaginarlo, Ian tocó la vida de muchas personas, una de ellas es su cuñada, Adriana Callejas-Me-rriam. Ella dice con certeza que él se multiplicaba en maneras irreales, tenía tiempo para todo y para todos. "Fue Ian el que varias veces viajó con Ruy al lugar donde él quería pedirme matrimonio y fueron él y María Fernanda quienes con cosas de su casa decoraron el lugar y lo hicieron especial. Fue con Ian que vine a escondidas de Ruy a conocer la casa que ahora es mi hogar. Fue él, que con las manos llenas con su trabajo y familia, administró la remodelación de nuestra casa en la que vive el gusto y cariño de Ian. El día que salíamos para el hospital fue Ian quien se encargó de llevar el champagne para celebrar el nacimiento de nuestra primera hija. Fue su voz la primera que oí al salir del quirófano ‘es bellísima’ y recuerdo su cara de alegría al gritarlo. Fue Ian el que celebró con los familiares y amigos mientras Ruy estaba cuidando de nuestra bebé.Fue Ian el que me ayudó a bajar del carro cuando llegué por primera vez a mi casa ya siendo una mamá. En ese momento fue Ian quien me llevó de la mano hasta mi cuarto mientras Ruy cargaba a nuestra bebé. Ian le permitió a Ruy disfrutar plenamente a su hija en estos momentos. Ian siempre consintió a Ruy, desde los favores más pequeños hasta en los momentos más importantes de su vida".
Esa nostalgia y amor sin límites se perciben en la descripción de Marielos Barahona-Merriam, para quien Ian era "emprendedor, diplomático, entusiasta, honesto, bondadoso y dispuesto…y siempre se veía espectacular.El era mi cuñado, pero lo quería como a un hermano, y no era por mi capacidad de amar, sino por la capacidad que él tenía de darse a sí mismo, siempre estaba presente, siempre podías contar con él, se que nunca me iba a defraudar. El en su corazón, era demasiado grande para su pecho, siempre desbordante".
Ian tuvo dos hermanos más, sus amigos Luis Casco y Gustavo León Gómez. Al momento de editar este tributo, Gustavo se encontraba en Budapest, desde donde nos envió una semblanza de su entrañable amigo. Palabras que salen del alma, que reafirman una vez más lo excepcional que fue Ian Merriam y que se convierten en el mejor epílogo de esta historia. "Lo conocí en 1977, en pre-kinder de la Escuela Americana, es decir, lo conocí toda su vida. Ian y Luis Casco (Poso), nuestro otro hermano, son los primeros amigos que recuerdo. Ian era un hombre humilde, de buen trato y con un gran corazón. En la medida que fuimos creciendo fuimos descubriendo en él otras carac-terísticas excepcionales que lo proyectaban como un líder. Recuerdo claramente el día que, ya cerca de terminar sus estudios, habiendo retornado a Honduras de vacaciones y con 22 años de edad, nos llamó a ambos, a Luis y a mí y nos dijo, "quiero decirles que he decidido casarme". El asombro fue tanto que nos recostamos en el patio frontal de su casa los tres, viendo hacia las estrellas y empezamos como era de esperar a cuestionar su decisión. No tenía nada que ver con la persona que él había escogido, no la conocíamos, no era hondureña y esto nos complicaba más los argumentos que teníamos que hacer para ayudarle a "recapacitar" de tal locura. Pero tal y como siempre fue hasta su último momento de vida, y con su característica "terquedad" que le hizo obtener lo que quiso de la vida, siguió adelante con su plan. Ahora creo que, Dios le hizo ver la necesidad de no dejar ir a Marife, el tesoro que había encontrado, Dios que lo sabe todo, sabía que Ian pasaría por la vida como un meteorito resplandeciente pero de corta duración y por lo tanto, necesitaría apresurarse en la vida y no dejar escapar la persona que ahora, en su au-sencia, cumplirá con su papel más importante en la vida.
Los tres seleccionamos cuidadosamente nuestras almas gemelas de tal forma que al triángulo que formábamos se le agregaron tres puntas más que la convirtieron en una estrella. Pero él seguía siendo el sol alrededor del cual girábamos los demás, era el motor, la catapulta que nos lanzaba a lugares inesperados. Ian era el mejor de los tres, pienso, pero estoy seguro que si el estuviese escribiendo esto de Luis o de mi, diría exactamente lo mismo y así lo demostraba.
El daba, no pedía, adonde iba hablaba de sus "magníficos" amigos, nos exaltaba y trataba por todos los medios de hacernos ver lo mejor posible. Ian no era introvertido, era extrovertido y puedo decir que nunca he escuchado a alguien contar chistes como él lo hacía, seguramente nunca lo haré. Nos dejó en su mejor momento, se apagó cuando más brillaba, fue un faro de luz en los peores momentos de la crisis política que vivimos el año pasado y además fue un soldado al servicio de la patria, me constan las largas horas que dedicó para que nuestro país no cayera en las garras de la dictadura chavista, tal y como ocurrió en el país de su amada esposa y logró triunfar, tuvo tiempo para esto y recibió el reconocimiento internacional que merecía. La noche que se nos fue, durante la celebración de 20 años de graduados de la Escuela Americana, Ian fue la persona de siempre, el más feliz, el más entusiasmado, el que alegró la fies-a, el amigo de todos, el que complacía, el que bailaba, reía, cantaba, abrazaba, gritaba… en fin fue Ian al cien por ciento, sencillo, cordial, loco, encantador, insustituible…"