Cuando los últimos rayos del sol se deslizaban suavemente sobre la ciudad, llegó el momento señalado para que Verónica San Martín hiciera su entrada al templo Nuestra Señora del Sagrado Corazón, lista para cumplir el sueño de unir su vida en matrimonio con Eduardo Rosales.
La novia lució un delicado vestido de la reconocida firma Rosa Clará, que realzaba su elegancia natural. Fiel a la tradicional simbología nupcial, llevó como algo regalado su velo y como algo azul unos finos aritos que complementaban su look. Verónica avanzó hacia el altar del brazo de su padre, Rodolfo San Martín, en un instante cargado de emoción y significado, mientras se escuchaba la melodía la marcha nupcial.
Fue el sacerdote Tony Salinas el encargado de casar a los felices enamorados quienes estuvieron acompañados de sus padres: Rodolfo y Verónica San Martín; Rodolfo Rosales y Julia Hernández Álvarez, y apadrinado por: Robert y Susan Ament, junto a Luis Armando Flores y Camila Moreno de Flores, así como familiares y amistades.
Tras la ceremonia, los invitados se trasladaron a Invernaderos del Trigo, donde se ofreció una recepción de inspiración floral y moderna, en delicados tonos azules, diseñada por Leonte Rueda. El pastel estuvo a cargo de Cupcake Garden, complementando a la perfección la atmósfera elegante del evento.
Su primer baile como novios fue “Qué suerte tenerte”. Minutos más tarde, la novia bailó con su padre al son de “Mi persona favorita” y “Mi niña bonita”, mientras que Eduardo lo hizo con su madre con “Danubio Azul” y “Esta Vida”, momentos que conmovieron a todos los presentes
La fiesta terminó hasta el amanecer con un divertido carnaval deseándole a los novios los mejores deseos y felicitaciones para su nuevo hogar.