Lady Diana, una princesa sin cuento de hadas

Por Brenda Ortez

¿Dulce o calculadora? ¿Infiel o víctima de la soledad? Repasamos la historia de la reina de corazones que el mundo se resiste a olvidar en el aniversario de su muerte

30/Agosto 2015

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Detrás de esa sonrisa cautivadora, Diana de Gales era una mujer enigmática, que luchaba contra sus complejos y vivía entre el amor y el desamor. Casi dos décadas después de su muerte, entre la realidad y la ficción de su historia, ella sigue siendo reina de corazones.

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Ni aún el mayor de los escépticos o el más grande detractor de la monarquía podría negar el impacto mediático del fenómeno Diana. Aquel 31 de agosto de 1997, desde Londres hasta Tegucigalpa, todos los llamados miembros de la generación X recibimos conmocionados, con un sentimiento colectivo de tristeza la noticia de la muerte de lady Diana a raíz de un accidente de tráfico en París junto a Dodi-Al Fayed, el empresario egipcio con el que mantenía una relación amorosa.

En ese mismo instante, «la Princesa del Pueblo», como la denominó Tony Blair, se convirtió en leyenda. El mundo lloró su muerte, desde su frío exesposo, Carlos de Inglaterra, hasta la Madre Teresa de Calcuta, Margaret Thatcher y Bill Clinton.

Más de 2,500 millones de personas en el mundo seguimos paso a paso el funeral retransmitido por televisión, una cifra que contrastó con los 750 millones que vieron paso a paso su boda con el príncipe Carlos, 16 años antes, justo el 29 de julio de 1981.

Aquella histórica boda nada tenía que ver con un cuento de hadas ni mucho menos, y es que tal como lo confesó al biógrafo Andrew Morton durante unas grabaciones registradas cuatro años antes de su muerte, ese fue un día negro para Diana: “me sentía mortalmente calma, como un cordero que va al matadero. Yo escuchaba una voz interior que me decía: no te cases, pero todos me empujaron a hacerlo… Yo tenía una tremenda esperanza que se rompió en el segundo día de casados. Mi esposo me hacía sentir terriblemente inadecuada. Cada vez que yo intentaba salir a flote, él me empujaba hacia abajo. Yo me odiaba”.

Esa reveladora entrevista, que fue transmitida por NBC más de seis años después de la muerte de Diana, escandalizó a Buckingham cayendo como una maldición póstuma y arrojando más pistas sobre la vida, nada rosa, de la princesa que además admitió haber querido abortar a William, heredero del trono, al arrojarse por una escalera cuando estaba embarazada de cuatro meses para llamar la atención de su esposo.

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“Sabiendo que llevaba a un niño (William) en mi vientre, me arrojé por las escaleras. La reina vino a verme; estaba aterrorizada. Carlos regresó a cabalgar”, dijo. Además, relató como la sombra de Camilla la persiguió a lo largo de su luna de miel, en la que Carlos llevó seis novelas para leer y entre ellos escondía dos fotos de su eterno amor.

Esas historias, sumadas a su confesión de haber tenido una aventura con el oficial del ejército James Hewitt, haber comenzado a sufrir bulimia una semana después de su compromiso con Carlos, quien le dijo que “estaba un poco gordita” y ser víctima del odio de la madre Reina, entre tantas otras, podría llenar libros y libros, que seguramente se convertirían en bestseller.

Comenzando por su imagen cándida como prometida del heredero al trono y terminando con las teorías de conspiración que surgieron tras su muerte, alimentadas por el padre de Dodi Al Fayed, quien aseguró que el accidente había sido un complot de parte de la realeza y el servicio secreto británico para terminar con la vida de Diana, porque continuaba teniendo más popularidad que su ex marido y porque había sospechas de un embarazo.

Las investigaciones iniciadas tras tantas acusaciones, argumentaron que el chofer estaba conduciendo con altas dosis de alcohol y droga en su cuerpo, lo que hizo que disminuyeran sus reflejos y chocara contra la columna del puente. Entre la realidad y la ficción que surge alrededor de su historia, no podemos negar el poder de Diana para hechizar al mundo.

Su belleza y estilo, aura enigmática y su innegable capacidad de solidarizarse con las causas nobles, la convirtieron en la figura más querida de la monarquía británica, aunque en el interior de Buckingham sucediera todo lo contrario. Nadie podía competir con el carisma de una princesa solidaria que sabía estar del lado de los enfermos, y al mando de la campaña contra el Sida y las minas antipersonas. Nadie, hasta ahora, ha logrado superarla.

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Una de las facetas más recordadas de Diana es sin duda su rol como madre. Y aunque en el libro lanzado por Penny Junior a finales de 2014: Prince Harry Brother, Soldier, Son, la autora presenta a una lady Di inmadura, calculadora y manipuladora, que en muchas ocasiones descuidaba el cuidado de sus hijos, todos se resisten a aceptarlo. Según Junior, cuando Diana estaba con sus hijos se comportaba más como una amiga que como una madre.

“No es sólo que ella no estuviera allí cuando la necesitaban, sino que eran los dos hermanos quienes debían consolarla cuando salían nuevas informaciones sobre el romance de Carlos y Camila en las portadas de los periódicos”, dijo la autora, quien además asegura que Diana seguía convencida de que la familia real estaba intentando hundirla, de ahí que solía amenazar a los secretarios del príncipe de Gales con llamadas a medianoche. Incluso Camila recibía llamadas donde la amenazaba de muerte.

Más allá de la veracidad de esas declaraciones, la princesa demostró que disfrutaba al máximo su papel como madre. El 21 de junio de 1982 dio a luz a su primogénito, William Arthur Philip Louis, el segundo en la línea de sucesión al trono.

La princesa volcó todo su amor y atención al pequeño, que desde siempre tuvo un increíble parecido físico con su madre, a quien lo unió un fuerte vínculo que aún hoy permanece vigente.

El 15 de septiembre de 1984 nació su segundo hijo, Henry Charles Albert David. Según la princesa, Carlos dijo con enojo: “es otro varón y encima tiene ese pelo rojo”. Pero ella lo adoraba. “Solo quiero que mis hijos sean felices y normales”, solía decir.

Algo que cumplió a cabalidad al momento de educar a sus hijos, con quienes se mostró siempre muy unida, espontánea y dulce. Los llevaba personalmente a la escuela, se divertían en Disney World y comían en McDonalds, algo que hasta entonces ningún niño de la monarquía británica había hecho.

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Han pasado 18 años desde la muerte de Diana, a lo largo de este tiempo se han publicado decenas de libros y se ha ampliado su lista de supuestos affairs, que incluyen desde su relación ilícita con su guardaespaldas Barry Mannakee, su confirmado romance con James Hewitt, con quien admitió haber cometido adulterio y quien por su cabellera pelirroja sospechaban podría ser padre de Harry, lo que se desmintió luego de un examen de ADN; hasta John F. Kennedy, con quien según Simone Simmons, autora de Diana: The Last Word, la princesa tuvo una aventura apasionada en el Carlyle hotel de Nueva York.

A la lista de romances se suman, entre otros, James Gilbey, quien fue captado in fraganti en conversaciones telefónicas íntimas con ella; el comerciante de arte islámico, Oliver Hoare; el cantante Bryan Adams, quien la llamó “la reina de todos mis sueños”; Hasnat Khan, el cardiólogo de la princesa, a quien ella llamaba “Mr. Maravilloso”, y que fue considerado el gran amor de la princesa y finalmente Dodi Al Fayed, con quien mantuvo una corta relación que terminó en el trágico accidente en París.

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Sin embargo, nada ha logrado empañar la imagen de la princesa, que se mantiene viva a través de sus hijos, especialmente de William, quien en su nueva vida al lado de su esposa Kate Middleton, le rinde homenaje cada vez que puede.

Desde la participación del heredero en obras benéficas, la entrega del icónico anillo de compromiso de Diana a su prometida y el estilo y personalidad de la duquesa Kate en público, hasta los atuendos del príncipe George –que emula la forma en que Diana vestía a su hijo mayor- y el nombre con que bautizaron a su segunda hija: Charlotte Elizabeth Diana, muchas de las acciones del heredero parecen ir dirigidas a su madre, en un sincero homenaje a su vida y legado.

No sabemos hasta cuando perdurará el efecto Diana, lo cierto es que casi dos décadas después, sigue siendo motivo de fascinación y el mundo sigue recordándola como la eterna reina de corazones.

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