Acompañados de la música de la arpista oficial del príncipe Carlos, Claire Jones, los invitados a la recepción ofrecida en el Palacio de Buckingham disfrutaron de la comida preparada por 21 chefs. Circularon 10 mil canapés entre ellos de salmón ahumado escocés sobre blini de remolacha, rollo de queso de cabra con nueces caramelizadas o ensalada de cangrejo de Cornualles con huevos de codorniz sobre blini de limón.
El chef real Mark Flanagan también preparó terrinas de pato con chutney, tartaleta de berros y espárragos, chipolatas a la miel, pastel de abadejo (pescado típico de Escocia), briznas de espárragos pochados y pequeños pudding Yorkshire con carne asada de ternera. La 'nouvelle cuisine' más vanguardista también tuvo su espacio con un canapé crujiente con forma de burbuja. La comida estuvo acompañada de botellas de champaña Pol Roger NV Brut Reserve.
Al final hubo postres dulces, también en forma de canapés: tartaleta de ruibarbo caramelizada, praliné de fruta de la pasión y trufa con chocolate negro y nata. Además, paté de naranja sanguina, bizcochitos de frambuesa y praliné de chocolate con leche y nueces.
Todos los ingredientes, tanto de los primeros canapés como de los postres, eran de procedencia británica, por deseo de los novios. A quienes todavía les quedó apetito tras el bufet, se les sirvió porciones de la tarta nupcial y un pastel especial de chocolate y galletas, de una receta de larga tradición en la familia real británica, que pidió de manera especial el príncipe Guillermo.
La tarta nupcial, de ocho pisos, fue encargada a la repostera Fiona Cairns, que diseñó un pastel de fruta de varios pisos, decorado con nata y azúcar glas con motivos florales británicos. Según ha informado, los novios cortaron la tarta, como manda la tradición, y se pronunciaron discursos, aunque no se precisó a cargo de quién.