Connie: el renacer de una historia escrita desde el alma

Conoce sobre el camino de Mercy Consuelo Aguilar Olivera, desde su identidad personal hasta la creación de Grettell.

Mercy Consuelo Aguilar Olivera, conocida por su seudónimo Connie, es una arquitecta hondureña graduada de la Universidad José Cecilio del Valle, donde descubrió no solo su pasión por el diseño y la creatividad, sino también una profunda conexión con la escritura.

Su historia personal, marcada por la ausencia temprana de su padre, la cercanía con sus abuelos y la sólida relación con su madre, radicada en Estados Unidos, ha influido en la sensibilidad y autenticidad con la que construye a sus personajes.

Desde la adolescencia encontró en la escritura una forma de expresión y refugio emocional. Así nació Grettell, una novela que comenzó como un pasatiempo a los 15 años y que, con el tiempo, se transformó en un proyecto profundamente personal sobre el amor, la tragedia, el miedo y la resiliencia.

La joven escritora describe su evolución literaria como un proceso de madurez y aprendizaje constante, influenciado por los viajes, la familia, las emociones y las experiencias de vida. Hoy sueña con seguir creciendo en el mundo de las letras, explorar géneros como el terror psicológico y llevar sus historias a lectores de distintas partes del mundo.

¿Qué te inspiró a crear a Grettell como personaje principal?

El nombre de Gretel nace desde que yo era muy pequeña jugando muñecas con mis amigas; para mí sonaba muy fuerte, pero también sonaba maravilloso. Como soy demasiado curiosa, investigué qué significa y es una perla. Con el tiempo se volvió un recuerdo; quizás algún día llamaría a mi hija Gretel, pero no fue así. De hecho, cambió la idea: la verdadera inspiración pasa a una historia y nace de la cobardía.

Cuando cumplí 17 años, mantuve una relación en la cual me enamoré y nunca fui capaz de expresar mis propios sentimientos, como por ejemplo: enojos, celos, quizás por miedo del rechazo o no ser escuchada, inventando un personaje, añadiendo doble t y doble l y llamándola Grettell, describiendo sus rasgos, facciones, actitudes, pero más allá de esto no me estaba dando cuenta de lo que estaba creando; tampoco pude parar, así que pensé en crear otros personajes, darle vida a esta historia, cosa que me parecía un pasatiempo, algo divertido.

¿Cuánto de ti hay en Grettell?

Yo pienso que en toda historia hay algo de sí para las personas que escriben; en mi caso, sí y no porque llegue a exagerar, a ponerle picante y a pasarme de los límites. Considero que la respuesta sería que tiene algo de esencia.

¿Por qué decidiste ambientar parte de la historia en Francia?

Grettell es una joven estadounidense que se muda a Francia con sus padres y su hermana mayor debido a una tragedia de niña, explorando una adolescencia llena de inseguridad y desconfianza.

Estados Unidos sería el primer ambiente: por mi madre. Ella viajó a otro país para poder sacarnos adelante a mí y a mi abuela, enviándonos cartas, postales, año 2001 entre 2005. Nos hablaba de su vida en Estados Unidos, las experiencias, y eso siempre lo recuerdo.

Francia sería el segundo ambiente: Desde que era adolescente soy una persona dedicada y siempre he pensado en viajar; de hecho, ya he hecho mis primeros viajes y siempre he considerado que Francia, en especial París, para mí sería una maravillosa experiencia.

No todos tienen las oportunidades de viajar y, si algún día me llega ese día de estar parada frente a la Torre Eiffel comiéndome un croissant y tomarme una copa de vino, pues ya habré desbloqueado un sueño que ha esperado por muchos años.

¿Qué mensaje principal te gustaría que los lectores se lleven de la novela?

Quiero que sepan que Grettell, aunque sea un personaje ficticio, podría ser cualquier mujer en el mundo que pasa por tragedias y, si alguien como tú o como yo, como cualquier otra persona, toma una decisión equivocada, eso no es razón para morir porque yo pienso que hay miles de razones para seguir adelante y seguir vivo.

A los 18 años comenzó a escribir Grettell; dejó la historia en pausa y, nueve años después, retomó su novela hasta convertirla en un sueño cumplido.

¿El final fue el mismo que imaginaste desde el inicio o cambió con el tiempo?

El final era lo que yo pensaba desde el inicio. En algún momento pensé en cambiarlo, pero perdería la esencia de mi adolescencia.

¿Qué fue lo que finalmente te ayudó a vencer el miedo y retomar la novela después de tantos años?

Le comenté a mi pareja que hace años había escrito una novela que de hecho no me atrevía a leer; se quedó sorprendido y me molestó por días para poder leerla hasta que se la presté y vi su expresión, la motivación con que leía; tardó horas leyendo y preguntándome cuándo escribiría la segunda parte porque necesitaba explicación de algunos personajes. Ese fue el comienzo de leerla con miedo, llevándome sorpresas y dándome cuenta de que valía la pena.

¿Cómo cambió tu forma de escribir entre los 15 años y ahora?

Cambio exagerado. Uno se va sensibilizando con las experiencias de la vida, cuando recorre un lugar, cuando lee libros, cuando mira alguna serie en la televisión o investiga una información, y no solo eso, también influyen los sentimientos y emociones.

La chica adolescente que alguna vez fui no tenía nada de sensibilidad o madurez; solo se preocupaba por estudiar, bailar, estar con sus amigos y amigas y escribir por pasatiempo. La mujer que ahora soy, ahora es más sensible; cocino para mis abuelos y velo por su bienestar, paso tiempo en familia, con mis mascotas y viajo para conocer el mundo. Pienso a detalle lo que va a escribir y describir, que tenga algo de relevancia y sentido.

¿Hubo algún momento en el que pensaste no terminarla nunca?

De hecho, nunca pensé que saliera a la luz; sí pensé en otra novela, un libro de poemas, pero en específico en Grettell, jamás.

Continuar fue lo más difícil porque tuve que leer nuevamente la novela inconclusa que dejé en mi adolescencia y pensar cómo adaptar la segunda parte a una edad madura.

Mencionas que escribías en diferentes estados emocionales, ¿Cómo influyeron esas emociones en la historia?

Para poder crear la historia, tenía que hablar en voz alta y, si era posible, convertirme en esos personajes imitando sus facciones, gestos y actitudes, moldeando estos comportamientos sin ser perfectos, solo actuar de manera natural; eso sí, hablando diferente e imaginándome los escenarios como si fuera una obra de teatro, viéndome en un espejo y de fondo escuchando una canción, sentándome a hablar con la computadora. Incluso llegué a hacer teatro con mis abuelos porque les comentaba que estaba escribiendo una historia.

Las emociones influyen bastante en la historia para que los lectores tengan empatía, odio, amor, cualquier sentimiento, para que se vayan imaginando los escenarios.

¿Hubo alguna escena que te resultó especialmente difícil de escribir por lo personal que era?

El capítulo 19 fue uno de los más difíciles de escribir en mi juventud; recuerdo que lloré y, al volver a leerlo, lloré nuevamente un mar de lágrimas, me temblaban las manos y me hacía pequeña en mi habitación, pero era tan necesario en la historia; creo que, si alguno de mis lectores se siente identificado al sentirse traicionado por la persona que amamos, le resultará el más desgarrador.

El capítulo 22 es violento, es trágico. Pero ayuda a quitarnos una venda de la cara y demostrar quién es el verdadero monstruo de la historia.

Me siento orgullosa, siento que es uno de mis sueños logrados.

¿Qué aprendiste de ti misma durante este proceso de casi 9 años?

Cuando uno tiene un sueño, habrá quienes querrán cortar las alas; entonces uno pensará demasiado, surgirán preguntas: ¿Será que lo hice bien? ¿Tendrá buena ortografía? ¿Qué dirán las demás personas? ¿Tendré éxito? Yo aprendí que el peor enemigo puede ser uno mismo, no lo que piensen los demás, porque cada uno tiene un pensamiento diferente y eso se respeta.

Yo aprendí que el miedo no te lleva a ningún lado porque no todos se levantan con el pensamiento de “hoy escribiré un libro”; nadie nace aprendido.

¿Cómo describirías la evolución de Connie como escritora?

Cuesta arriba que va tomando su forma desde una necesidad de expresión, emociones y sentimientos que van moldeándose a través del tiempo y que son parte de mi experiencia.

A medida que fue desarrollándose la novela Grettell y otros escritos, llegando a niveles deseados, buscando mi propia voz y técnica de poder ser auténtica.

Aceptando las críticas de los lectores, editores, críticos, eso ayuda a no cometer los mismos errores y comprender que no todos estamos de acuerdo en un tema, que cada persona es diferente, pero que sin duda no todo puede ser bueno y hay que estar consciente de ello.

¿Qué consejo le darías a tu “yo” de 15 años?

Le diría que no se detenga, que habrá tropiezos en el camino, que ningún camino será tan fácil para quienes quieren aprender. Habrá personas criticándote y eso estará bien porque no todo puede ser aplausos o color rosa; el que acepta críticas evoluciona, madura y florece. En todo ese proceso también habrá personas motivándote para que sigas creyendo en ti. No te rindas por tus sueños y sigue por ellos.

Me siento orgullosa, siento que es uno de mis sueños logrados.

¿Tienes planes de escribir una segunda novela o continuar esta historia?

Con Grettell ya finalicé la historia. Sí hay una segunda novela. De hecho, es una novela hondureña con género de ficción ambientada en varios departamentos de Honduras y que, a finales de este año 2026, se lanza. Este proyecto tendrá algunas colaboraciones de editores profesionales.

¿Te gustaría explorar otros géneros además del drama?

Me encantaría. Uno de los que tengo en la mira sería con el género psicológico y de terror.

¿Dónde te ves como escritora en los próximos años?

Firmando contrato con una gran editorial. Dándome la oportunidad de llegar con más lectores en el mundo.

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Escritora hondureña