Antes y ahora: la moda en The Devil Wears Prada
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1 / 9Dentro de un mes, reviviremos una de las películas más relevantes del mundo fashion, The Devil Wears Prada, que regresa el 30 de abril. Esta vez, la conversación se centra en los looks, desde el icónico vestuario creado por Patricia Field en la primera entrega hasta las nuevas propuestas que vemos en los adelantos de la secuela, ahora a cargo de Molly Rogers. La pregunta es clara: ¿lograrán estas nuevas elecciones reflejar las últimas tendencias y diseñadores sin perder la esencia que convirtió a la original en un referente de estilo?
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2 / 9Andy Sachs comienza como una pasante que se convierte en asistente de Miranda Priestly en la revista Runway. En la primera película, desarrolla su estilo y adopta archive pieces, incluyendo looks completos de Chanel, marcando su transformación. En la secuela, vemos a Andy como una profesional consolidada y ejecutiva en la moda. Sus looks reflejan más carácter: piezas llamativas, business casual aesthetic y un estilo más funcional. Su vestuario es menos elaborado y más cercano a lo que podría usar en su día a día, manteniendo un balance entre lujo y practicidad.
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3 / 9Miranda se mantiene fiel a su esencia minimalista, old money e impecable. Sin embargo, en la secuela se percibe una ligera evolución. Su estilo parece menos rígido, con colores más suaves y siluetas más relajadas, lo que sugiere una adaptación al nuevo contexto de la moda y una posible apertura a cambios.
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4 / 9Emily Charlton, siempre edgy y única, mantiene su esencia. Su estilo sigue siendo fuerte y expresivo, pero ahora proyecta mayor autoridad. Continúa siendo fiel a sí misma, con una presencia más segura y una clara energía de liderazgo.
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5 / 9Nigel, quien fue un gran apoyo para Andy, conserva su elegancia y conexión con la moda de alta gama. En la primera película destacaba por su sastrería refinada y su estilo pulido. En la secuela, se espera una evolución hacia una estética moderna, trajes igual de sofisticados, pero con un enfoque más relajado y contemporáneo.
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6 / 9Toda secuela introduce un modern twist y The Devil Wears Prada 2 no es la excepción. Simone Ashley aporta una visión moderna, alineada con tendencias recientes, mezcla de texturas, estampados artísticos y mayor libertad de expresión. Su presencia añade frescura y representa la evolución generacional en la moda.
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7 / 9The Devil Wears Prada dejó una huella enorme en todos los amantes de la moda. Nos mostró cómo los diseñadores de vestuario pueden contar historias solo con la ropa, haciendo que cada outfit sea una pieza clave del cine.
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8 / 9La secuela muestra cómo incluso los referentes de la moda deben adaptarse. Se pasa de un estilo altamente editorial, estructurado y exclusivo, a una visión más abierta con combinaciones de lujo, piezas básicas, moda reciclada y expresión personal. La moda se vuelve más libre y menos normativa.
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9 / 9Patricia Field demostró cómo el vestuario puede definir personajes, utilizando piezas de archivo y construyendo identidad a través de la ropa. Molly Rogers enfrenta el reto de reinterpretar ese legado. Como aprendiz, respeta la esencia original, pero introduce un enfoque más actual, alineado con la evolución de la industria. Esta comparación deja ver una transición clara, de una moda estricta y editorial a una más flexible, personal y contemporánea.