No hay ninguna duda de que París, la última semana de la moda en el calendario internacional, es sin duda donde los talentos más creativos se esconden. Una semana de la moda que no se centra en seguir o buscar tendencias, como hemos visto en New York o Milán, donde los años 20, el casual o los prints tropicales han inundado las pasarela, sino que las crea.
Algunas de las firmas que han puesto sobre la pasarela sus apuestas para la primavera-verano 2012 es Carven. La firma ha presentado una colección de minivestidos románticos en el mismo tono delicado: Guillaume Henry -al que la mismísima Inés de la Fressange colocaría al frente de Dior, al menos eso confesó no hace mucho en una entrevista elabora una colección primavera/verano 2012 que respeta, ante todo, la memoria de la fundadora de la maison. Aquí lo que importa es la proporción, por muy diminuta que sea.
Por su parte, el estreno de Olivier Rousteing en Balmain vuelve hacer hincapié en los trajes de luces, el folclore taurino y la fanfarria tejana. Alamares, cristales y piel grabada; pantalones de campana, denim, maxifaldas -tipo amazona- fajines o brocados: motivos indígenas hilados en oro. Nada demasiado ajeno a lo que ya hacía el malogrado Christophe Decarnin, aunque todo un poco más recargado. Entre el rodeo y el rejoneo, pasando por el Caesars Palace.
Asimismo, otros grandes como Rick Owens y Felipe Oliveira Baptista han presentado sus colecciones en la semana de la moda parisina.
La casa Balenciaga también estuvo presente. De la mano del director creativo de la casa, el francés Nicolas Ghesquière, nos ha traído una colección futurista que se puede definir como geometría pura. Este desfile estuvo lleno de caras conocidas, no sólo de la moda, sino también del mundo del cine y de los negocios.