Aeden O’Connor

Por Ludwing Duarte

Despedimos nuestra edición de marzo con una entrevista única a cada uno de los participantes en nuestra portada de marzo que están creando proyectos y contando historias fabulosas dentro de la cinematografía nacional.

28/Marzo 2018

Para su fortuna (y la nuestra) su sueño de niño de ser biólogo marino y explorar las partes más remotas del océano cambió de rumbo. Y es que la vida tenía preparado algo diferente para Aeden O’Connor, quien descubrió su vocación de repente, en una sala de cine, cuando vio Inception (2010), “estuve trastornado toda la película y cuando pasaron los créditos escribí el nombre de Christopher Nolan. Fue la primera vez que me fije en el nombre de un director y supe que eso quería hacer toda mi vida”.

La idea se reforzó en sus años de high school cuando hacía sus tareas audiovisuales y empezó a desarrollar su pasión por el cine. El camino a seguir estaba claro, de ahí que sus padres -sus incondicionales aliados Daniel y Susy O’Connor- no se sorprendieron cuando anunció su decisión de estudiar dirección de cine. Primero lo hizo en el Emerson College en Boston, donde permaneció por un tiempo breve, “estaba insatisfecho con el programa americano y me transferí a la Escuela Cinematográfica de Praga en la República Checa donde estudié actuación y guión”.

Entonces comenzó la verdadera aventura, “fue un tiempo de crecimiento extraordinario y lo que más aprendí fue fuera de clases, haciendo películas con mis amigos y amigas. Me di cuenta que con solo una cámara -puede ser un teléfono- y una gran imaginación puedes hacer una película grande”, asegura. Para Aeden cambiar de escenario resultó una muy buena decisión, “en Europa aprecian más el lado artístico del cine. Los directores tienden a tener más control sobre sus obras de arte y eso se refleja en el aula. Los maestros no enseñan cine en términos de “fórmulas” como en Estados Unidos sino que empujan a los estudiantes a mirar hacia adentro, a estudiar su subconsciencia y psicología, saber cuál es su deseo de expresión más profundo y dejar que ese deseo fluya. Fue una exploración interna muy profunda y me dejó entender mejor quién era yo y porqué estoy haciendo cine”. En realidad no ha pasado mucho tiempo de esa etapa de principiante y Aeden recuerda a la perfección sus primeros trabajos, algunos fueron muy divertidos y otros le dejaron un enorme aprendizaje.

En 2014 realizó su “primer proyecto serio”, un documental titulado “Libros entre violencia: La Biblioteca Móvil” que fue emitido por la BBC en Inglaterra y que lo llevó a descubrir con su cámara una dura realidad. “En el documental sigo a un maestro que transporta una biblioteca en su pick up, llevándola cada día a los barrios más peligrosos de Tegucigalpa, dándole la oportunidad a centenares de niños de leer cuentos. La energía de los niños en cada barrio que visitábamos era tan contagiosa que cualquier desafío que enfrentaba se miraba minúsculo comparado al deseo de aprender de la juventud olvidada de las afueras de nuestra capital. Durante la filmación vi con mis propios ojos a un niño de cinco años abrir un libro por primera vez en toda su vida y el asombro total en su mirada sería mi combustible para seguir contando cuentos a través de este arte por el resto de mi vida”, dice Aeden con certeza.

Al terminar sus estudios en Praga, en 2016, regresó por un breve tiempo a Honduras y luego partió a Los Ángeles en busca de nuevas experiencias. Y vaya si las tuvo. Estuvo cinco meses en esa ciudad donde trabajó como asistente de producción en la serie Unsolved: The Murders of Tupac and the Notorious B.I.G. y en la cuarta temporada de Bosch, una serie de género policiaco producida por Amazon.

Luego de cinco meses y varias aplicaciones llegó una increíble oportunidad. Aeden fue fichado como asistente de producción en Godzilla: King of Monsters (2019) y de inmediato se trasladó a Atlanta, donde trabajó durante cuatro meses en la filmación, “nunca olvidaré mi primer día en el set de filmación. De ser fan de actores como Millie Bobby Brown, Ken Watnabe y la nominada al Óscar Sally Hawkins, a trabajar junto a ellos en una película de millones de dólares... fue un paso surrealista en mi carrera”. Ante la magnitud de esa increíble experiencia y el entusiasmo con que la cuenta, resulta difícil de creer que Aeden haya regresado a Honduras. ¿Qué lo trajo de vuelta? No duda en contestar, “como dijo Jean Luc Godard, ‘como cineastas tenemos un deber de darle voz a aquellos que no tienen la oportunidad de expresarse’. En Europa y Los Ángeles hay muchos cineastas, es tiempo de darle voz a los 8 millones de hondureños”, dice con una sonrisa.

Y regresa justo en un buen momento, cuando este arte es revaloriza-do por las audiencias nacionales, ávidas de nuevas historias, “en el cine actual estamos viendo producciones muy valientes como El Paletero o Morazán que dan luz a ideas muy grandes y es emocionante ver obras así salir de Honduras. El futuro lo veo muy brillante ya que hay una nueva generación de cineastas jóvenes que tiene mucho que decir y que va a expresarse en sus películas, yo espero ser parte de ese movimiento”. Claro, que así como hay talento hay también muchas dificultades para los que desean dedicarse a este rubro, por lo que se requiere un apoyo incondicional de inversionistas como Jablo Productions e instituciones que promueven el arte para fomentar el despegue definitivo del cine nacional, y es que como recuerda Aeden, “la mayoría de los países tienen fundaciones cinematográficas que dan incentivos o dinero directo a producciones de sus respectivas naciones. La única manera de potenciar el talento hondureño es creer en él”.

Su entusiasmo por comenzar a trabajar en Honduras es contagioso. Las ideas surgen de forma espontánea y la inspiración es inagotable, “quiero contar las historias viscerales de la realidad de la juventud menos afortunada de nuestro país, que muchas veces por la situación inimaginable en la que se criaron cometen crímenes porque es el único mundo que conocen”. De alguna manera, Aeden siente que tomar la decisión de estudiar cine y ponerlo en práctica es una enorme responsabilidad hacia los espectadores, “siento el deber de hacer una película que no solo entretenga, sino que abra las puertas de percepción al espectador y que salgan del cine viendo el mundo en una manera completamente diferente. Con varias películas así podemos cambiar la manera de pensar de toda una gene-ración y revolucionar a un país”.

¿A dónde quiere llegar? Su respuesta es contundente, “quiero llevar una producción hondureña que yo dirigí a ganar premios internacionales y poner a nuestro gran país en los libros de la historia”. Apenas tiene 23 años, tiene la vida por delante, estamos seguros que lo logrará.

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