Daniel Vijil, liderazgo solidario

Por Brenda Ortez

A la distancia pero con Honduras latiendo fuerte en su corazón, Daniel Vijil es pieza clave de un entusiasta grupo de voluntarios que no pudo quedarse de brazos cruzados ante el impacto del Covid-19 en los hogares de menos recursos económicos en el país.

20/Mayo 2020

La distancia no pudo contra su espíritu inquieto y sus ganas de ayudar. Daniel Vijil ha pasado la larga cuarentena en New Orleans donde termina su licenciatura en Economía y Finanzas en la Universidad de Loyola, pero su corazón y su energía han estado enfocados en su país y en su gente, “amo Honduras, la pienso y la respiro”, dice.

De ahí que se haya dedicado junto a un activo grupo de voluntarios a dar forma y vida a Operación Frijol, una iniciativa que ha llevado alimento y alegría a muchos hogares hondureños que sufren los efectos más duros del Covid-19.

Esta es una nueva faceta en la vida de Daniel, Director Estratégico de El Milenio Honduras, “ahí hago realidad una de mis misiones de vida, concientizar y empoderar a la juventud”, cuenta este joven de 22 años que desborda entusiasmo con su energía y liderazgo.

Estos días no han sido fáciles pero Vijil ha dedicado su tiempo libre a meditar, “mi pasatiempo favorito es pensar, sentarme a reflexionar los detalles de mis aprendizajes diarios. Me gusta la historia, la política, el servicio y los deportes. Además paso mis ratos leyendo, escribiendo, ejercitándome y hablando con mis amistades”.

Con una madurez envidiable dice con seriedad que ansía regresar pronto a Honduras, “donde planeó construir mi vida y mi país. Probablemente volveré a partir para obtener una maestría, pero el regreso siempre será inminente”. Mientras ese momento llega, conversamos con Daniel sobre su experiencia en este proyecto solidario y todo el aprendizaje que ha implicado para él esta larga cuarentena.

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¿Cómo surge la iniciativa Operación Frijol?

La primera semana de cuarentena, junto al equipo de redes de El Milenio, estuve ayudando a Unidos por Honduras en su recaudación para el Hospital Mario Catarino Rivas. Luego nos involucramos con otras tres recaudaciones para insumos hospitalarios alrededor del país. Al cabo de una semana y media de empezar estas actividades platiqué con mi prima Diana Mourra quien es de naturaleza altruista y me dijo que nos estábamos enfocando mucho en hospitales y que no había nadie ayudando con la nutrición. En esa conversación nos propusimos recolectar dinero entre nuestros amigos para repartir canastas básicas. En menos de 24 horas teníamos para distribuir 100 canastas, sin haber hecho mucho ruido ni marketing. Al ver estos resultados Diana y yo decidimos que había que hacer esto a larga escala. Unos días después nos reunimos nueve amigos y amigas por zoom, todos comprometidos con el proyecto. Entre la discusión del nombre, dije quiero algo fuera de lo común, y sugerí Operación Frijol. Para mi sorpresa, a todo mundo le gusto.

¿Qué fue lo primero que pensaste por lo que valía la pena crear este proyecto?

Muchos jóvenes y adultos estaban sentados en sus casas queriendo hacer algo, con la voluntad de ser solidarios. Lo único que hacía falta era construir el puente entre los hondureños solidarios y los hondureños en necesidad, y así hicimos. Ese es nuestro mensaje hasta el día de hoy. Creo que hemos logrado contagiar a muchas personas y organizaciones.

¿Habías estado involucrado antes en otras fundaciones?

Inmediatamente antes de Operación Frijol estuve ayudando a Unidos por Honduras y a Juntos Contra el Covid-19, ambas iniciativas surgieron para ayudar a los hospitales Mario Catarino Rivas y Hospital Escuela respectivamente. Aparte trabajo en El Milenio, donde nuestro enfoque social no gira en torno a la caridad, pero hacemos eventos caritativos al menos una vez al año.

¿Cómo planifican las acciones del proyecto, considerando las limitaciones por el distanciamiento social y las diferentes ciudades donde viven o estudian?

Todo es por Whatsapp o llamadas en Zoom. El equipo es dinámico y los nuevos horarios de todos nos ayudan a estar disponibles más a menudo para llamadas impromptu. La distribución la hacen emisarios de la iglesia y es la única parte que requiere presencia física. Los padres y sus ayudantes cumplen las medidas de bioseguridad necesarias.

¿Qué sentiste en el momento que realizaron las primeras entregas, qué emociones se despertaron?

Urgencia. Así soy por naturaleza, nunca estoy conforme. Cuando empezamos a entregar y vi las fotos, entendí con mayor profundidad la necesidad que existe, por eso solo sentí mayor urgencia de recaudación.

¿Crees que estas crisis nos dan a todos la oportunidad de ser más solidarios? ¿Cómo podríamos todos despertar esa vocación altruista en este momento?

Definitivamente. Es natural que nos sintamos amenazados por la crisis y nazca esa virtud solidaria. A mí me preocupa más la solidaridad a largo plazo. Creo que esto tiene que ser un despertar para los tiempos futuros, que sintamos mayor compromiso de crear cambios en nuestras comunidades.

¿Qué ha sido hasta este momento lo más emotivo para ti, a medida se han desarrollado estas entregas, qué te ha conmovido más?

Samir Valdivia. Un emprendedor que hizo un llamado de auxilio en Twitter, pero que en su mensaje no pedía donaciones ni regalos, sino trabajo. Samir quería que le compraran baleadas para generar ingresos, y ni aún en la necesidad perdió su espíritu de emprendedor. Nos contactamos con él, le compramos 200 baleadas, y le pedimos las regalara en su comunidad. Fue increíble, ambos aprendimos.

¿En tu universidad o en tu círculo de amigos de otras nacionalidades hubo algún eco de esta causa? ¿Cómo invitarías a más y más personas a unirse a esta causa?

Ahorita que estamos reinventándonos y planeando nuestras operaciones a largo plazo, invito a los jóvenes a estar atentos de lo que haremos con Operación Frijol. Habrá nuevas oportunidades de ayudar y unirse al grupo.

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¿Cómo sientes que has enfrentado esta crisis?

Gracias a Dios que bien. Soy un persona que no se queja, y en esta ocasión no fue distinto. Me enfoqué en aprovechar el tiempo y las condiciones para hacer cosas distintas, entre ellas Operación Frijol. En tiempos de crisis se abren oportunidades.

¿Qué te ha ayudado a sobrellevar la cuarentena?

El futuro. Saber que las cosas solo pueden mejorar después de esto, que vamos a salir con más sabiduría y más empatía de esta crisis. Que voy a contarle algún día a mis hijos sobre estos tiempos, sobre Operación Frijol, sobre la inspiración que esta crisis fue para muchos jóvenes.

¿Qué ha sido tu mejor aliado al momento de vivir esta crisis?

Mi mejor aliado ha sido mi amor por Honduras. Levantarme cada día con la noción que puedo hacer algo desde donde estoy para apaciguar el dolor de alguien en el país, saber que no tengo tiempo que perder.

¿Cuál crees tú que debería ser nuestro mayor aprendizaje de esta pandemia?

Un mal no se vence con una gran fuerza. Un mal se vence con la suma de pequeños esfuerzos de miles de personas.

¿Qué responsabilidad crees que tendrán los jóvenes como tú para evitar que algo similar suceda en el futuro?

Liderar integralmente. Las crisis son parte de nuestra historia, son inevitables pero se pueden vencer. Se vencen con liderazgos que generan confianza, y en eso recae nuestra responsabilidad, en liderar con integridad y justicia.

Cuándo pase esta crisis sanitaria, ¿qué visualizas para Operación Frijol, piensas que podría reinventarse para continuar?

Definitivamente. Queremos ser la organización altruista más dinámica para los jóvenes. Encontrar maneras juveniles para incentivar la solidaridad.

¿Qué has aprendido personalmente como ser humano en esta cuarentena?

Como le dijo el zorro al principito: Lo esencial es invisible para los ojos.

¿Qué es lo que más extrañas de la vida "normal"?

Poder ir a un café y sentarme a hablar con mis amigos, o familiares.

Lo primero que piensas hacer cuando eventualmente todo esto pase…

Cortarme el pelo, mentira jajaja! Aunque si lo necesito. Lo primero será reunirme con mis amigos para jugar Monopoly en mi casa y platicar mientras disfrutamos de una cerveza.

¿La persona que más admiras en el mundo y por qué?

Pregunta muy difícil, porque no me gusta ver a una sola persona para guiar mi camino. Mis padres han sido fundamentales para sembrar mis valores y principios que me guían a tomar las decisiones correctas. Admiro y estudio mucho a Martin Luther King, un lider que cambio el mundo con paz. Admiro a quien en vida fue Kobe Bryant, más que su capacidad deportiva, era su perfeccionismo y competitividad. Admiro a Gabriel García Márquez, sus letras me han enseñado que la imaginación no se puede perder por nada.

En un futuro cercano, ¿Desde qué otra plataforma te gustaría ayudar a los demás? ¿Cómo crees que a través de la solidaridad podemos cambiar vidas?

Primero quiero emprender y crear empleos, y más adelante si Dios me lo permite, ser un servidor público a través de un cargo de elección popular, con la vista siempre puesta en la creación de oportunidades para los más necesitados.

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