Sandra Melghem: "el cáncer ha sido un maestro para mi"

Por Brenda Ortez

Hace poco más de una década, Sandra Melghem comenzó la primera de muchas batallas contra el cáncer de mama. Con voluntad de acero, ha aceptado esta guerra sin cuartel en la que su actitud es la de una vencedora. ¡Inspírate con su historia!

19/Oct 2020

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Cada mes, Sandra Melghem se realizaba el autoexamen de seno. Un día, mientras se revisaba, sintió algo extraño, “detecté una bolita en mi mama derecha que no había sentido antes. Tenía un mes de haber visitado a mi ginecólogo así que no le presté importancia. Dejé pasar unas semanas y comenzó a dolerme. Fui al ginecólogo, quien me dijo que quizás se debía a cambios hormonales pero que lo mejor era hacer un ultrasonido. No sugirió que me realizara una mamografía porque no estaba en la edad para hacerme aún ese estudio, yo tenía 36 años recién cumplidos. Cuando le llevé los resultados me dijo que viera a un especialista mastólogo. Visité a una doctora que recomendó hacer una cirugía para extraer una muestra de tejido y hacer una biopsia”.

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El 20 de agosto de 2009 fue intervenida quirúrgicamente. Joven y saludable, no creía tener riesgo y no tenía síntomas que indicaran algo malo. Sin embargo, el inesperado diagnóstico fue un carcinoma ductal infiltrante, estadio 1. “Me enteré de la forma más dura, recién estaba saliendo del efecto de la anestesia y vagamente escuché a la doctora decir, ´creo que es un cáncer´. Comencé a llorar y permitieron ingresar a mi esposo para me tranquilizara. Pensé en mis hijos, en ese entonces el mayor tenía 11 años y el menor 4 años. Pensé en mi papá, a quien el cáncer consumió su vida en un plazo muy corto de 6 meses. Recuerdo la mirada llena de amor de mi esposo, diciéndome que todo estaría bien, pero también él lloraba y no podía ocultar su dolor”.

Entonces, Sandra no imaginaba que la suya sería una batalla larga. Tampoco sabía que inesperadamente esta prueba la transformaría en una mujer aún más fuerte, dispuesta a luchar contra viento y marea por su vida. Desde Guadalajara, donde reside, me contagió de esperanza, me dio una lección de fortaleza que no sueles recibir con tanta frecuencia. Su testimonio es de inspiración, para ti, que quizás acabas de recibir un diagnóstico de cáncer o para ti, que acompañas a un ser querido en este camino.

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Una vez superado el shock inicial del diagnóstico, ¿cuál fue el siguiente paso?

El primer paso fue visitar a varios oncólogos, es recomendable tener la opinión de varios especialistas y no quedarse solo con un punto de vista sobre los posibles tratamientos. El segundo paso fue conocer y aprender sobre mi enfermedad, era la única forma de entender lo que los doctores me decían y me permitió evacuar todas mis dudas e incluso cuestionar algunas de las "recomendaciones". Además, me permitió saber a lo que me iba a enfrentar en el futuro (tratamientos) y prepararme para ello.

¿En qué consistía ese tratamiento que le esperaba?

En mi primer diagnóstico de cáncer, el tratamiento consistió en regresar al quirófano 15 días después de mi primera cirugía para un vaciamiento ganglionar axilar, para determinar si tenía metástasis en ganglios. Después de esta operación, la cual es muy dolorosa, tuve que someterme a fisioterapia para recuperar la movilidad en mi brazo derecho. Adicionalmente, recibí seis ciclos de quimioterapia y 25 sesiones de radioterapia. Todo esto fue en el segundo semestre del año 2009 y principios de 2010.

La segunda vez que el cáncer regresó fue en el año 2013. Sentí cansancio y bajé de peso y nuevamente detecté una nueva "bolita" en la misma mama derecha. En esa ocasión me realice una biopsia denominada tru-cut. Después de varios estudios se oficializó el diagnóstico. En esta ocasión (13 de agosto de 2013) la decisión fue realizar una mastectomía radical, por un carcinoma ductal grado 2. No me sometí a quimio o radioterapia.

Después de haber pasado por todo el proceso de reconstrucción y colocarme un implante, llegó el 2015, año en que nos mudamos como familia a Guadalajara, México, donde continué mi seguimiento como paciente sobreviviente de cáncer y en abril del 2017, nuevamente regresó la enfermedad. En esta ocasión, la actividad tumoral se encontró debajo del implante, muy cerca del pulmón.

Fui nuevamente al quirófano, a una cirugía con varios riesgos, entre ellos que existiera la posibilidad de cortar una sección de la costilla o que mi pulmón fuera perforado. El tratamiento posterior consistió en radioterapia y terapia hormonal.

En septiembre de 2019, ahora por cuarta vez, un estudio demostró que el cáncer había regresado, ubicándose en el músculo pectoral derecho. En esta ocasión, no fui candidata a realizar ningún tipo de tratamiento como cirugía, quimioterapia o radioterapia. Mi doctor fue claro al decirme que debía considerar el cáncer como una enfermedad crónica, enfermedad con la que tengo que vivir por lo que me reste de vida.

Por los momentos hay opción de tratamiento para mí y me estoy beneficiando de una terapia innovadora (de reciente aprobación) con lo que he tenido buenos resultados, a tal grado que la actividad tumoral ha desaparecido por completo y hoy me encuentro libre de cáncer, o por decirlo como es debido, el cáncer no está latente por los momentos. Son 11 años de lucha contra esta enfermedad”.

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¿Qué ha sido lo más difícil?

He pasado muchísimos momentos difíciles. Quizás lo más duro ha sido ver como la enfermedad también afecta a las personas que amo, aceptar que tengo que convivir con el cáncer y tratar de sobreponerme a las secuelas que deja cada tratamiento.

¿Cómo ha logrado sobrellevar las pruebas negativas? ¿Cuáles han sido las experiencias positivas?

En cuanto a lo negativo, he tenido mis días, en los que no he tenido fuerzas para seguir, he deseado tirar la toalla y en los que solo se me antoja llorar (y mucho) y me he enojado con Dios.

Por contradictorio que parezca, lo positivo es que el cáncer ha sido un maestro para mí, ya que me ha enseñado a valorar cosas que antes no valoraba, ver la belleza en los pequeños detalles de la vida y ha fortalecido mi fe.

Con seguridad puedo decir que mi vida, el seguir aquí, es un milagro de Dios y que él tiene un propósito. Por duro que sea, es mi realidad y la abrazo cada día.. Sin ninguna duda, Dios me ha sostenido con su mano en todo este proceso. Antes de casarme conocí a Dios, pero esta enfermedad transformó mi relación con él. No imaginan todos los milagros que he podido ver en mi vida en todo este tiempo.

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¿Qué le ha ayudado a enfrentar los efectos secundarios de su tratamiento?

Hacer ejercicio, no importa qué disciplina, el ejercicio sana y es indispensable para mí. Llevar una alimentación balanceada. El amor de mi familia y las oraciones de amigos, incluyendo aquellos que no conozco y han hecho oraciones por mí. Ocupo mi mente en cosas productivas. Me encanta diseñar joyas y la jardinería y he encontrado en eso una forma de canalizar la ansiedad y dolor que acompañan los tratamientos.

¿Cómo contrarrestó los inevitables pensamientos negativos sobre la muerte?

Ese fue mi primer pensamiento cuando me entregaron mi primer diagnóstico de cáncer. Pero en todo el proceso he aprendido a aceptar y entender la muerte como algo que todos, en algún momento, vamos a enfrentar, y tener esa conciencia me hace valorar todo, desde el simple hecho de despertarme por la mañana, eso para mí ya es un milagro. Vivir el hoy y disfrutar cada segundo con los seres que más amo, mi esposo y mis hijos.

La muerte es lo único seguro que tenemos desde el momento en que nacemos. Contrarresto los pensamientos de muerte, recordando el sacrificio de amor de Jesús en la cruz, quien dio su vida por mí y teniendo la certeza de una vida eterna a su lado, teniendo la seguridad que la vida no acaba aquí, sino que nacerá a una nueva vida.

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¿Entre tantas emociones y dificultades, qué ha sido vital para poder sobrellevar las crisis?

Mi Dios y mi fe en él, sentir como Dios me cobija bajo sus brazos es maravilloso y es la fuente de mis fuerzas para enfrentar esta enfermedad.

Los momentos que sentía que no podía más, ¿cómo los superó?

Solamente con ayuda. Mi esposo es el mejor apoyo que he tenido en todos estos años. Decidió quedarse a mi lado a pesar de las circunstancias en que me puso la vida. Cuando siento que no quiero seguir, él me anima, me escucha y entiende mi dolor. Nunca he visto lástima en su rostro, por el contrario, él ha expresado su admiración hacia mí y solo he recibido su amor. Creo que es una buena oportunidad para decirle gracias por todo lo que has hecho y me das, "eres lo mejor que me ha dado la vida" como dice la canción del recién fallecido Pau Donés.

¿Qué técnicas, terapias, hobbies o tips le ayudaron en tiempos difíciles?

La oración, hablar con Dios y expresarme con él, exponerle toda mi situación. No necesito ir a una iglesia para tener una relación directa con él. Amo los animales, tengo un Pug que es mi adoración. Hago ejercicio, me hace sentir bien (yoga, pilates, correr, cardio), salir de paseo con mi mascota, manualidades, diseño de joyas, etcétera. En general, trato de evitar tener tiempo ocioso, y mantenerme ocupada en cosas que me interesan.

¿Su consejo a las mujeres que comienzan esta batalla?

Basándome en mi experiencia y en la de muchas mujeres hermosas que he conocido en esta misma situación, la primera reacción es de miedo, creemos que es una sentencia de muerte. En la medida en que uno empieza a leer, aprender, investigar y no solo conformarte con la limitada información que los doctores pueden proveer, el panorama cambia mucho. Esto hace que empieces a tener un poco de control sobre tus decisiones de tratamiento.

Un buen consejo, y no solo para el cáncer, es pedir varias opiniones médicas, y valorar en base a esas opiniones que es lo mejor para ti.

Evita comparar tu caso con el de otras pacientes, aunque dos personas tengan el mismo diagnóstico, no significa que los mismos tratamientos funcionen igual.

Lo que puede funcionar para ti, no necesariamente funciona para todas. Por duro que sea, cree en que todo tiene un propósito, trata de encontrar ese propósito y aférrate a él. En mi caso, he encontrado ese propósito en Dios y me he aferrado a él.

No tengas miedo de expresar tus emociones, se vale sentir miedo, llorar, angustia, etcétera. Eso no te hace débil, al contrario te liberas de esas cargas y tendrás nuevas fuerzas para seguir adelante.

Trata de mantener distancia de las personas negativas y acerca a aquellos que te cargan de cosas positivas. Nunca pierdas la esperanza y no permitas que nadie te la robe, los médicos te pueden decir que no tienes el mejor pronóstico, pero recuerdo que ellos no tienen la última palabra.

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¿Cómo visualiza su futuro?

Vivo en el hoy y me centro en él, pero eso no me impide soñar con ver a mis hijos culminar sus proyectos de vida, ser abuela y disfrutar mi vejez junto a mi esposo. Pero eso lo definirá Dios. Mientras tanto, disfruto cada día, tratando de llevar un testimonio de fe y esperanza.

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