Karl Lagerfeld: el genio de la moda

Por Claudia Gómez

Excéntrico, polifacético, innovador y reacio al término jubilación, Karl Lagerfeld era un personaje de edición limitada.

19/Feb 2020

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¿Cómo no admirarlo? Con su cabellera blanca, guantes, gafas oscuras y altos cuellos rígidos de almidón, Karl Otto Lagerfeld es venerado por los fashionistas de todo el mundo. La razón: él fue el mastermind de las exitosas colecciones de Chanel, Fendi y su línea homónima que sorprenden, temporada tras temporada, reafirmándolo como uno de los diseñadores de moda más influyentes del mundo.

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Su historia se remonta al año de 1933, cuando nació en Hamburgo, hijo del matrimonio formado por Christian Lagerfeld, miembro de una familia de banqueros sueca y Elizabeth Bahlmann, descendiente de nobles alemanes. Una vidente le dijo a su mamá que Karl sería sacerdote, lo que no fue de su agrado ya que ella había sufrido mucho con una educación católica exigente. “De cura solo tengo el cuello alto que uso en mis camisas”, ha dicho en algunas entrevistas. De niño, su madre siempre le puso límites porque vivía en el campo, “los que me conocieron en esa etapa me decían que era Shirley Temple, pero en versión varón. Ya entonces deseaba convertirme en adulto, odiaba ser niño, un humano de segunda categoría… Nunca fui soñador, tenía una idea de lo que quería que fuera mi vida y estaba dispuesto a sacrificarme, nací determinado”, confesó en ocasiones. La adolescencia llegó y con ella las preguntas y las dudas sobre su personalidad, “cuando le pregunté a mi madre por la homosexualidad ella me dijo ‘no es nada, es como un color de cabello, hay gente así, ¿cuál es el problema?’. No vengo de una familia mojigata con un sentido de pecado, tenía una media hermana que era lesbiana, fue así que a los trece años ya era aceptado por mi familia”, aseguraba Karl en varios documentales e historias biográficas.

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Nunca terminó la secundaria pero estaba claro con lo que quería. En 1952 se fue a París, donde comenzó a trabajar como asistente junior y aprendiz de Pierre Balmain, después llegó a trabajar como freelance para la exquisita firma francesa Chloé, donde posteriormente fue nombrado director creativo, cargo que ocupó durante los siguientes veinte años. Simultáneamente comenzó a colaborar en Fendi. En 1983 se enfrentó al mayor reto de su carrera cuando es fichado como director creativo de Chanel, que entonces necesitaba un impulso, una renovación que le devolviera el brillo y el furor. “Tomé ese reto y los dueños me dieron carta blanca para crear, para hacer algo que funcionara, pero sin presión. Me atrajo la idea de resucitar algo que estaba muerto, convirtiéndolo en lo que fue cuando su creadora llevaba las riendas”. Y vaya si lo consiguió. La contratación resultó un verdadero éxito y en los ochenta Karl ya era toda una estrella de la moda con buenas amistades, que iban desde el artista Andy Warhol hasta la bella Carolina de Mónaco.

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Con un instinto para descubrir estrellas, lanzó a la fama a Claudia Schiffer tal como lo hizo recientemente con Kaia Gerber. Chanel recobró su sitial de honor y se mantiene como una de las firmas más exclusivas y aclamadas del mundo. Polifacético como pocos, diseñaba, editaba, ilustraba y además era un extraordinario fotógrafo. En 1984 lanzó su línea de moda homónima y tres años después comienza a hacer fotos para Chanel. En 2005, el año que vende su marca a Tommy Hilfiger, sorprende a todos al perder cuarenta kilos con el único fin de poder vestir trajes de la firma Hedi Slimane, tal como lo narra en su libro The Karl Lagerfeld Diet. Excéntrico a morir, su uniforme de trabajo lo componían las chaquetas de Dior, que tiene en varios materiales, y jeans de su propia colección. Vivía en París, donde tenía dos casas para propósitos diferentes: una para desayunar y para hacer bocetos, y la otra, en el mismo edificio donde el diseñador comía y atendía a las visitas. También tenía casas en Mónaco, Roma, Nueva York y Alemania. Vivió con su gata Choupette, que llegó a su casa hace alguos años cuando un amigo le pidió que la cuidara porque iba de viaje. Él no se la quiso devolver y junto a el Choupette vivió como una reina. Con dos niñeras, cuentas en Instagram y Twitter, viajando en primera clase, fue protagonista de campañas y sesiones de fotos y tiene su propio libro, Choupette: The Private life of a High-Flying Fashion Cat.
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