Palabras que sanan: el impacto del libro de Darwin Josué Raudales Castillo
El escritor hondureño Darwin Josué Raudales Castillo se posiciona como una voz valiente dentro de la literatura contemporánea. En su obra, Cómo matar el deseo de morir, explora con gran sensibilidad temas como el dolor y la esperanza.
La presentación del libro, realizada en la feria del Centro Cultural de España en Tegucigalpa, tuvo un impacto profundo en el público: muchos padres se sintieron conmovidos al punto de compartir sus propias experiencias, generando así un espacio genuino de reflexión y empatía colectiva.
“Cómo matar el deseo de morir” es una declaración urgente que nace de la experiencia, la pérdida y la necesidad de hablar de lo que muchas veces se calla. A través de una narrativa cercana y profundamente humana, el autor convierte vivencias personales marcadas por la depresión, el duelo y la culpa en un puente hacia los demás, especialmente hacia quienes atraviesan momentos oscuros.
¿En qué momento decidió convertir este tema en un libro y no dejarlo solo como una experiencia personal?
Noté que en nuestro país no se habla mucho del tema y realmente no me lo quise guardar para mí, pues habría sido egoísta. Hay mucha gente que puede serle de ayuda y, en realidad, con una persona que lo lea y encuentre en él un poco de esperanza, sentiré que habré cumplido mi propósito.
¿Hubo alguna historia o testimonio que le marcara especialmente durante el proceso?
Sí, parte de la dedicatoria en el libro está enfocada en mi tío quien se quitó la vida en mi casa y yo fui quien lo encontró en el patio. Yo tenía apenas 13 años y ese suceso me ha marcado toda la vida. A mis 19 años entré en una etapa oscura también de depresión, ansiedad y otros trastornos. Dios sabe por qué sigo acá.
Tuve dos amigos que se quitaron la vida también y he estado en ambos lados: el lado que quiere irse y el lado que queda sufriendo por la pérdida de alguien más.
¿Qué cree que diferencia este libro de otros que abordan la salud mental o el deseo de morir?
La literatura tiene esa magia de llevarnos a otro lugar y convertirnos en mejores versiones, ya sea que nos distraiga, que nos transporte a otros mundos, que nos inspire, que nos conmueva y que aprendamos algo en el proceso. Hay muchos libros de autoayuda que abordan temas de la salud mental.
Mi libro cuenta la historia de un joven introvertido que comienza su vida en la universidad y, mientras se va relacionando con los demás, se da cuenta que hay algo en él que “no está bien”. Trato de darle un toque ligero, que pueda ser fácil de comprender y que el lector pueda identificarse con la mayoría de las situaciones que ocurren dentro de la historia para, de esa forma, poder transmitir mejor el mensaje. De igual manera, la forma de narrar el libro tiene un toque más personal. Quiero que el lector se imagine y sienta que hay un amigo detrás de esa voz.
En su mensaje menciona que “no estamos solos”. ¿Cómo se traduce eso en la práctica para alguien que está luchando internamente?
Es muy común que la persona que está sufriendo o lidiando con estos temas sienta que su dolor es único y que, por más que los demás lo intenten, jamás lograrán comprender lo que sucede en su interior. Yo me sentí así. Todos tenemos nuestra dosis de dolor, todos nos perdemos de vez en cuando y sentimos esa desesperanza de que nada bueno nos espera en este mundo.
En mi caso, una de las cosas que más me ayudó a darle algo de significado a mi vida, fue darme cuenta, solo hablando con la gente, de que cada quien está llevando su propia carga.
No quiero minimizar con esto la carga de nadie más, es conocido que a muchos les llueve más que a otros. Lo único que quiero que sepamos, que nos lo han dicho tantas veces que ya hasta suena como mensaje gastado, es que no estamos solos. No tenemos que enfrentarlo en soledad. Nadie debe estar solo si no tiene que estarlo.
¿Qué errores cree que comete la sociedad al abordar el tema del sufrimiento emocional?
Minimizarlo y creer que el sufrimiento emocional afecta solo a una generación. Lo cierto es que la culpa, la soledad, la ansiedad y la depresión, entre otros, no discriminan. La desesperanza y la intranquilidad es algo que todos hemos sentido alguna vez en nuestras vidas. Decirle a alguien que “no esté triste”, que “mañana es un nuevo día”, que “tome vitaminas”, o que “busque algo que hacer”, no son formas válidas de apoyo ante su depresión.
A veces decimos que la depresión no existe porque en nuestros tiempos fueron diferentes y nadie hablaba de eso. Esa es la raíz del problema: no hablar de eso. Peor que eso es decirle a alguien que solo quiere llamar la atención, la gente suele decir que cuando alguien te dice que se quiere quitar la vida, no lo hace. Son los callados los que se van. ¿Por qué tomar el riesgo?
¿Cómo podemos acompañar mejor a alguien que está atravesando momentos oscuros?
Preguntarle si está bien no es suficiente. Yo odiaba que me preguntaran eso, se me hacía algo tan automático y tan vacío, como una respuesta instintiva del cuerpo ante cualquier situación. Hemos perdido a grandes personas que sonreían todo el tiempo, que contaban chistes, que eran los más graciosos del grupo y siempre estaban allí para los demás.
No esperemos que todas las personas que están pasando por un momento oscuro anden decaídos o de mal humor. Nosotros conocemos a nuestros amigos, a nuestra familia, a nuestros hijos.
Si notamos un cambio, por más simple que parezca, como por ejemplo que no quieran levantarse de la cama un día, que no quieran comer, ver su película favorita, etc.; enviar un mensaje o llamada es un comienzo, pero cómo habría querido yo en mis tiempos que alguien llegara a mi habitación, sin aviso, que hubiera llevado chocolates, comida y un DVD rentado, y me hubiera sacado de mi rutina, liberado de mi mente y me hubiera hecho compañía. Muchas veces, solo estar allí en silencio es mejor que mil palabras.
¿Qué papel juega la escritura o la expresión artística en la sanación emocional?
Toda forma de arte funciona como terapia. Pintar, escribir, cantar, dibujar, bailar, tocar un instrumento... son formas geniales de soltar aquello que nos atormenta y comenzar a sanar.
Es bastante liberador poder ver “nuestros sentimientos” y poder comprenderlos desde otra perspectiva. Lo mejor de todo: no solo sanamos nosotros, sino que podemos ayudar a los demás en su proceso de sanación.
Si alguien toma su libro en uno de sus peores días, ¿qué te gustaría que encontrara en sus páginas?
Me gustaría que encontrara una forma de escape. La mente es un lugar peligroso, más aún cuando la hemos vaciado de todo eso que nos hace bien, que nos hace felices, que una vez nos dio esperanza y propósito, para dejarla inundarse de sentimientos negativos y de situaciones fuera de nuestro control.
La mente es un laberinto y es un lugar bastante oscuro cuando uno se encierra allí. Quisiera que la gente tomara mi libro y lograra escapar, dejar su mente respirar por un momento y simplemente encontrar un poco de paz.
¿Cómo influyó tu propia historia de vida en la creación del libro?
Cuando mi tío se quitó la vida, todo lo demás fue automático. Mi familia no habló de ello, jamás. A mí me siguió atormentando ese recuerdo por mucho tiempo y, cuando creía que lo había olvidado, una rama golpeaba la ventana y regresaba a ese momento. Tuve miedo.
Me consideraban débil si hablaba de eso. Cuando la depresión se apoderó de mí, porque es algo que no se puede controlar y solo se puede salir buscando ayuda, fue una de las etapas más oscuras de mi vida. Me hice daño y lastimé a los demás en el proceso. Luego perdí amigos que no tuvieron la misma “suerte” que yo ya que nadie notó que necesitaban ayuda. Entonces me dije a mí mismo que necesitaba escribir sobre ello y me prometí que lo haría.
¿Hubo momentos en los que escribir este libro fue difícil o doloroso?
Sí. El personaje principal de la historia se llama Ever, quien está basado en un amigo mío. Muchas de las cosas que cuento en el libro le sucedieron a él. Cada vez que escribía, lo recordaba sentado en la cafetería de la universidad, solo, fingiendo que comía, usando camisas con manga larga en clima tropical, escondiendo sus manos y evitando el contacto visual.
Yo estaba tan perdido en mí mismo que no lo noté en su momento, hasta que ya fue tarde. Hubo días en que no quería escribir más porque era doloroso. Comencé a escribir esta historia en el 2007. Pasaron casi 20 años para atreverme a publicarla.
Encontrar a mi amigo en la oscuridad de su habitación y leer lo que había escrito en la pared, atrás de la cabecera de su cama y en el espejo del baño, es algo con lo que vivo siempre. Por eso el índice de mi libro tiene una fotografía de un pedazo de madera con la escritura “Ever estuvo aquí”.
¿Qué aprendió sobre ti mismo durante este proceso?
Que tengo más fortaleza de la que creí que tenía. Aprendí a conocerme más, ya que de alguna forma analicé lo que sentí en su momento y pude comprenderlo. Fue una forma de encontrar a mi versión de 13 años y decirle: esto no fue tu culpa. Levantarte más temprano ese día no lo habría evitado. No tenías porqué saberlo.
¿Cómo ha cambiado su vida después de publicar este libro?
Honestamente, no pensé que el libro iba a general el impacto que tuvo entre las personas que lo adquirieron. He tenido algunas invitaciones para hablar de ello en instituciones educativas y me estoy preparando para eso. Me alegra que el título haya creado la expectativa y que la gente esté lista para hablar de ello.
¿Qué significa para usted que los lectores te confíen sus historias personales?
Siento empatía por ellos porque yo estuve allí. Escuchar a alguien decirme que perdió a casi toda su familia durante la pandemia y que luego no tuvo ganas de vivir, o a una madre decirme que la única razón por la cual está en este mundo todavía son sus hijos, no es algo fácil de escuchar... Pero eso es lo que hace falta a veces, solo callarse, escuchar y empatizar. Podríamos sorprendernos de la gran diferencia que eso puede hacer.
¿Qué le diría hoy a alguien que siente que ya no puede continuar?
Si alguien me lo dice, sé que esa persona me está pidiendo ayuda, que no quiere llamar la atención. Crearía un espacio para esa persona, lejos de los prejuicios. Lo menos que quiere es sentirse juzgada. Como lo dije anteriormente, escuchar hace una gran diferencia. Estar allí en silencio también. Coexistir con alguien, estando en el mismo lugar, haciendo cosas diferentes, pero sin invadir el espacio personal, es increíblemente útil.
Las crisis mayormente son temporales, aunque cuando uno las está atravesando el dolor parece que durará para siempre. También, hablar del suicidio no es algo que nos debería alarmar. A veces, incluso, abre la puerta a la comunicación. No somos terapeutas, pero podemos estar allí para los demás hasta que encuentren la ayuda adecuada.
La mente es un lugar oscuro, es un laberinto y un lugar incierto. La esperanza es el mapa para poder vivir allí.