Cumplir treinta años no es sentencia de muerte

Por Marianella Cordero

Intento recordar qué hice en mis veintes... Y te juro, que me cuesta.

02/Sep 2016

Tendría que resumirlo así: estudiar, graduarme, trabajar, y creer que ya estaba “grande”. Ay pobrecita. Tan veinticinco, tan veintialgo,… ¿qué sabe uno a esa edad? Claro que ya pasaste la “aborrescencia”, y ya vas en tacones por la vida, pagas tus recibos, tienes obligaciones, ¿pero de verdad ya sabes qué quieres y quién eres? Será por eso que cuando el ascensor marca el piso 28… y el 29, a más de una le entran nervios.

Hasta que “Tin. Tin, tin”, llegas al 30, y dices “¿Aquí hay que salirse? ¿No puedo bajar de nuevo al 22?” No, querida, no se puede. Y sinceramente- esto lo escribo desde el piso 39 - ¡te juro que devolverte al 22 te va a aburrir! Así que tú, que estás llegando al piso 30… a ver esa cara. ¿En serio, estás llorando? ¿Tienes miedo? ¿Es en serio? Déjame hacerte un tour por el piso donde se pisa con fuerza, tacones, tennis, flats, botas o lo que quieras: ¡no más juicios ni etiquetas!

Vamos por partes: si alguien– especialmente vos misma– te ha dicho que “ya estás vieja”, ¿me harías el
favor de reírte?

Piso 30, vamos al espejo: ya sé que no te ves de treinta, porque somos una generación que aprendió a cuidarse, tomar agua, hacer ejercicio y desmaquillarse en las noches. Nuestras mamás, Dios las bendiga, no sé cómo lo hacían, pero a los 30 ya nos tenían a ti y a mí, trabajaban, tenían la casa limpia, el marido contento, y hasta cocinaban los domingos. Ellas sí llegaron muy cansadas a los 30, con el peso de todo eso junto. Tu vienes con menos equipaje, agradécelo y aprovéchalo.

Piso 30: estudiaste y tenés experiencia. ¿Qué tal otra maestría? ¿Qué tal una especialización? ¿Qué tal una beca, una carrera complementaria? Este es el momento.

Piso 30: querés soltarte de casa, sin dejar a la familia. Buen momento para entender con madurez que vivir sola, o fuera de casa, te va a dar espacio para ti misma, y apreciarás todo lo que tuviste allí, comida, techo, amor. Ahora procúralo para ti solita. Es genial.

Piso 30: ¿Y este qué, se quiere casar o qué? Buen momento para que te digan si sí, o si no. Pues si dice sí, bien. Y si dice que no, también, y dejamos de perder tiempo. ¿No te has dado cuenta de que como dice la canción “todos te miran, todos te miran”, porque estás más linda que nunca? Interesante, y linda: cosa que a los 21 no nos lo decía nadie. Así que nada de “paniquear” porque hay menos candidatos. Menos, de los buenos. La que está muy buena eres tú. Y tenés la papa en la mano para elegir sin presiones.

Piso 30: mirá tu cartera. Ya podés ahorrar, invertir, gastar -las tres cosas con los pies bien puestos en la tierra - pero hay que hacerlo. Cambiar el carro, enganchar la compra de tu casa, o irte de viaje a donde soñaste.

Piso 30: tengo niños (qué maravilla, sos una mamá joven, disfrútalos) No tengo niños: ya sabemos que podés tenerlos si quisieras. Y si no querés, sos soberana de tu útero. Lo más importante es que estés muy saludable para que los criés, los tengás o vivás sin ellos. En este piso tu salud será la base de todo.

Piso 30: ¿ya debería ser seria, ya me pueden decir señora? Las dos sabemos que no. Puede que al verte en el súper con blazer, lentes y tacones, o un moñito, alguien diga señora. Nada de pánico, te lo dicen porque no te ves “chiquilla”. Con semejante experiencia de vida, con tanto aprendizaje a cuestas, te juro que ni cortándote el pelo o vistiendo como Taylor Swift, te van a decir “chiquilla”. La mirada nos delata, tenemos una deliciosa mezcla de picardía, desconfianza, astucia, serenidad, porque pasó el torbellino de los veinte, donde todo era “qué piensa el mundo de mí” En este piso 30, es al revés: “Querido mundo, si quiere pensar bien o mal, yo sigo pasando”. No es insolencia, es que te querés más. Te conocés más. Últimamente veo a mucha veinteañera llorando, casi deprimida porque “ya tengo 30”, como si estuvieran urgidas de botox, o como si los 30 olieran a naftalina.

Solo quiero decirles que en este piso se van a sentir cómodas con o sin maquillaje. Con el cabello planchado o amarradito en un simple bun. Los jeans les quedan mejor – pregúntenle a ellos – y esa cabecita ya sabe soñar más alto. Por eso ya no hay desvelo por los dates fallidos, los mensajes no contestados, ni por la fiesta a la que no te invitaron o no quisiste ir.

Te presento a esa mujer del espejo: tu mejor amiga en el tercer piso. No te engañés, no vivimos en el Manhattan de Carrie y sus amigas. Vamos a tener que seguir trabajando mucho para ganarnos lo que queremos y merecemos. Pero ya no lo hacemos con timidez, lo hacemos pisando fuerte en esa oficina,
en esa Universidad, en esa reunión. ¿Qué te hiciste que estás tan linda?

“Nada, cumplí años”. Cumpliste 30. ¿Sabés lo afortunada que sos de llegar a esta edad con salud, educación, oportunidades y carácter para ir por más? Me parece que llorar por los veinte que pasaron, es un desperdicio: deja que los 30 te vean entrar con una sonrisa, algo despeinada, más vos, más relajada. Hablemos en 9 años y me contás qué tal. Mi primer día con 30, allá en julio de 2007 me dije “Qué raro: no me siento de 30” –pero tampoco me sentía de 29 -.

Dejemos los números para otro día. LA REGLA ES VIVIR, no añorar lo que dejaste, no estar ansiosa por lo que viene. Este espléndido presente, te regala un cumpleaños 30 que no deberías celebrar llorando. A menos que sea llorando de risa. ¡Felicidades y bienvenida!

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