Por siempre Michelle Obama

Por Claudia Gómez

Se convirtió en un icono del estilo estadounidense, supo promover el empoderamiento femenino y demostró al mundo que las primeras damas no son siempre un cargo decorativo.

18/Enero 2019

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Después de intentar mantener un bajo perfil, algo difícil para alguien tan famoso y querido como ella, Michelle Obama regresa y nos demuestra que sigue trabajando a su propio ritmo. Así lo demostró el año pasado al lanzar su autobiografía titulada Becoming, que se convirtió en la publicación más vendida de 2018, es bestseller en Europa y su primera edición es de tres millones de copias a nivel mundial con un lanzamiento en 31 idiomas.

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En este libro de más de 500 páginas, la ex primera dama revela aspectos desconocidos de la familia, como el uso de fertilización in vitro para concebir a sus hijas o la necesidad de terapia funcional y el por qué “nunca perdonará ”a Donald Trump por el sexismo y la misoginia y por promover la teoría conspirativa con la que se cuestionó la ciudadanía de Barack Obama. Michelle La Vaughn Robinson nació el 17 de enero de 1964 en la zona sur de Chicago. Su padre Fraser Robinson era empleado de una planta de agua y sufría de esclérosis múltiple, mientras su madre, Marian Shields Smith trabajaba como secretaria.

Desde niña le inculcaron un amor profundo por el estudio y la lectura, lo que la llevaría a ser una alumna destacada. Su excelencia le permitió saltarse segundo grado y en 1975, cuando estaba en sexto, fue elegida para el programa Gifted Student, que le permitió tomar clases avanzadas de francés y de biología en el Kennedy King Community College. Su hermano Craig, dos años mayor que ella, estudiaba en la universidad de Princeton, por eso cuando Michelle estaba en secundaria soñaba con hacer lo mismo. “Tienes demasiadas aspiraciones”, le decían sus maestros, pero la chica de 17 años les demostró que podía lograrlo e ingresó a Princeton.

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Durante su estadía en esa universidad fue víctima de racismo cuando la madre blanca de su compañera de cuarto pidió sin éxito que cambiaran de habitación a su hija. “Mis experiencias en Princeton me hicieron mucho más consciente del hecho de ser negra”, escribiría tiempo después en la introducción de su tesis de licenciatura.

Después de graduarse con honores como socióloga y gracias a sus notas y a préstamos estudiantiles Michelle ingresó a Harvard a estudiar leyes. Tras recibir su título en 1988 aceptó una oferta de trabajo de la firma de abogados Sidley & Austin, donde se especializó en derechos de autor y mercadeo. Ahí conocería un año después a Barack Obama, quien ingresó como pasante de verano a la misma compañía. Ella era su jefa y le parecía inapropiado salir con él, pero el joven Barack insistió tanto que a mitad de la pasantía, Michelle cambió de parecer.

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Su primera salida fue al cine a ver una película de Spike Lee, de ahí en adelante la pareja se volvería inseparable. Michelle nunca se detuvo, su talento la hizo brillar a tal punto que llegó a figurar en la lista de los Diez Mejores Abogados de Estados Unidos, un logro que aún la llena de orgullo. Pero en 1991 su vida daría un gran giro después de la muerte de su padre, un detonante que la llevó a dejar la abogacía para dedicarse a trabajar en el servicio público. Un año después, vestida de blanco y entre los acordes de Tú y Yo de Stevie Wonder, se convirtió en la esposa de Barack Obama.

Además del matrimonio llegaron sus nuevas responsabilidades como directora ejecutiva del Public Allies Chicago, un programa de servicio nacional que proporciona capacitación a los jóvenes que siguen carreras en el sector público. En 1998 nació su primera hija, Malia Ann y tres años después llegaría su segunda hija, Sasha. Cuando Obama le comentó su deseo de postularse a la presidencia para las elecciones del 2008, Michelle no estuvo muy convencida y hasta se mostró reacia frente al tema, pero el amor por su esposo hizo que renunciara a su trabajo y así poder apoyarlo, aunque él nunca se lo pidió. Y fue así como se sumó a aquella travesía para conseguir el objetivo trazado; y lo lograron.

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En 2009 hizo historia con Barack al convertirse en la primera pareja presidencial afroamericana en la Casa Blanca. Con una personalidad fuerte y una inteligencia notable Michelle no podía ser la sombra de su esposo, sino que brilló con luz propia y se consagró como una primera dama muy querida. En los dos mandatos de su esposo, se dedicó a luchar contra la obesidad infantil y a abogar por asuntos como la importancia del ejercicio físico, además de trabajar en el avance de los derechos de las mujeres a nivel internacional.

Afirmaba sentirse feliz de despertar a sus hijas en una propiedad construida por blancos, y pese a las múltiples obligaciones, nunca dejó de cumplir su papel de madre y esposa. Alta, fit, y con un evidente fashion sense, fue la primera en aparecer en la lista de las 100 mujeres más sexy de la revista Maxim. Posteriormente, para la prensa internacional fue la candidata virtual a la presidencia de los Estados Unidos para el 2020, pero ella sigue trabajando en la Fundación Obama, en donde procura motivar a una nueva generación de líderes de todo el mundo. Además, sigue impulsando la iniciativa Global Girls Alliance dirigida a empoderar a las adolescentes a través de la educación, , “no importa qué obstáculos se presenten, tienen que estudiar. Estudien para hacer una diferencia en el mundo”, ha dicho en reiteradas ocasiones Michelle, a quien solo el tiempo dirá donde la veremos brillar en el futuro.

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