¿Cuándo fue la última vez que te sentaste con tu taza de café y simplemente admiraste la vida? Una pregunta sencilla que hoy parece casi imposible de responder en medio de la rutina y la sociedad tan ajetreada en la que vivimos.
Nuestro entorno nos ha llevado a querer hacer la mayor cantidad de tareas en el menor tiempo posible, muchas veces, incluso varias al mismo tiempo. Hemos normalizado un estilo de vida donde descansar parece un “pecado” y vivir el presente se ha convertido en un lujo.
¿QUÉ ES EL SLOW LIVING?
El slow living consiste en una filosofía de vida desarrollada en los años 80, cuyo principio fundamental es vivir con atención plena en el momento presente. Se trata de enfocar la energía en las actividades que realizamos, disfrutando cada detalle y dedicando el tiempo necesario para hacerlas bien. No debe confundirse con ser “holgazán” o “perezoso”; más bien es un estilo de vida que permite al cuerpo y a la mente darle un break, con pausas que ayudan a dosificar las tareas del día a día. La premisa es clara: en lugar de hacer muchas cosas a la vez, hacer menos, pero hacerlas bien.
DISFRUTAR DE LO COTIDIANO
Esta filosofía nos invita a recuperar la magia en los momentos simples del día: desayunar sin mirar una pantalla, leer un libro en calma, caminar sin prisa. Las redes sociales nos han hecho creer que el descanso no tiene cabida, que debemos estar en mil cosas a la vez y que aburrirse es un pecado capital. Poco a poco hemos perdido el valor de lo cotidiano, porque estamos tan pendientes del futuro, que olvidamos vivir el presente. Esta filosofía nos enseña a parar, dosificar nuestras tareas y planificar con intención.
TURN ON SLOW LIVING
Si bien hay veces que no es posible poner en práctica el slow living, ya sea por el trabajo o por agentes externos, esto no significa que no podamos hacer pequeños cambios en la rutina que nos acerquen a ese estilo de vida pacifico y en control. La coach de vida Thalia-Maria Tourikis propone cinco pasos simples para comenzar:
1. Disminuir la velocidad de nuestras acciones
Vivimos en modo alerta, con prisas constantes. Comer rápido, caminar rápido, navegar rápido...pero esa velocidad no nos hace más productivos, sólo más abrumador. Ralentizar nuestras acciones y darles intención nos devuelve el control del día, y el control de nuestra vida.
2. Crear una rutina matutina tranquila
Los primeros minutos del día definen el rumbo del mismo. Una rutina sencilla de máximo cinco pasos, cómo respirar profundo y detenerse unos minutos, puede transformar por completo la jornada. No se trata de comenzar el día con pánico, sino tomar el control desde el primer suspiro.
3. Hacer menos, sin sentir culpa
Hacer menos no nos hace menos productivos o haraganes. Thalia recomienda comenzar a decir “no” a las tareas que realmente no son prioridad y enfocarse en dos o tres tareas que de verdad interesan. El slowliving se trata de hacer menos cosas, pero hacerlas bien y sobre todo, priorizarse a sí mismo antes que satisfacer a todos alrededor.
4. Desconectarse del ruido digital
No necesitamos estar 24/7 frente al teléfono, revisando las notificaciones cada minuto. El slow living nos invita a una desintoxicación digital, pero no significa a no usar el celular para siempre, sino a establecer límites para que la mente pueda descansar. Acciones simples como poner un limite de pantalla son tan poderosas y nos hacen reconectar con el presente y vivir el momento.
5. Practice mindfulness
No significa sentarse y meditar por horas, sino en darle la atención plena a cada momento. Saborear la comida durante el break o escuchar atentamente una conversación en lugar de pensar que responder, son momentos sencillos pero que la rutina ajetreada nos ha hecho omitirlos.
Cuando practicamos el mindfulness la vida lentamente comienza a cobrar sentido y comenzamos a disfrutar de todo alrededor. Porque la vida está hecha de esos pequeños momentos cotidianos que nos perdemos por pensar en lo que viene después.
El slow living no es vivir despacio para ser un perezoso, sino que se trata de priorizar a sí mismo y enfocarse en lo que realmente importa: el presente, la salud, la felicidad y la energía positiva.
Muchos dirán que esta filosofía es un lujo o es un gasto de tiempo, pero la realidad es que muchas veces vivimos el futuro y descuidamos el presente que en un abrir y cerrar de ojos pasa y no vuelve. El slowliving poco a poco se convierte en un estilo de vida que nos invita a desconectarnos por un momento del ruido del mundo y enfocarse en cómo nos sentimos y reconectar con el aquí y ahora.
Significa vivir con calma, disfrutar de las buenas cosas y prestarle atención a lo que realmente lo merece. Esto no solo nos permitirá tener una mejor vida, sino darle la importancia que cada minuto merece, porque la vida es solo una.
En palabras del escritor británico Alan Watts: “No hay prisa y, en cierto modo, no hay futuro. Todo está aquí; así que tómatelo con calma, tómate tu tiempo y familiarízate con ello”.