Científica hondureña en busca de la vacuna contra el Covid-19

Por Brenda Ortez

Más de cien laboratorios en todo el mundo están inmersos en una carrera contra el tiempo para encontrar la vacuna contra el coronavirus. Entre ellos destaca particularmente una científica hondureña que con sus aportes nos llena de orgullo: María Elena Bottazzi.

09/May 2020

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photo by Anna Grove Photography
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Nunca antes en la era moderna, el mundo había esperado algo con tantas ansias como ahora, cuando todos estamos a la expectativa del momento en que se anuncie la creación de una vacuna contra el coronavirus.

En una frenética carrera, cientos de laboratorios buscan la fórmula perfecta. Entre ellos se encuentra una científica hondureña, María Elena Bottazzi, Decana Asociada de la Escuela Nacional de Medicina Tropical, profesora de pediatría y Codirectora del Centro de Desarrollo de Vacunas del Texas Children’s Hospital en Baylor College of Medicine en Houston, quien dirige uno de los laboratorios que busca la vacuna que podría terminar con la pandemia.
Bottazzi es una vacunóloga reconocida internacionalmente y una defensora de la salud mundial para las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) y para las enfermedades emergentes y reemergentes y de importancia pandémica y de biodefensa.

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Con más de dos décadas de experiencia aplicando modelos gerenciales innovadores para el desarrollo de nuevas tecnologías, ha desarrollado programas para incrementar la capacidad humana en biotecnología de manera sostenible y ha realizado exitosamente la transición de varias vacunas para enfermedades tropicales y emergentes (como ser SARS, MERS y COVID19) desde el laboratorio hacia ensayos clínicos.

Brillante y dedicada, ha recibido reconocimientos nacionales e internacionales de gran prestigio, ha escrito más de 150 artículos científicos y ha participado en más de 200 conferencias en todo el mundo.

Creció en Honduras, el país que lleva en el corazón y donde obtuvo su licenciatura en Microbiología y Química Clínica de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Luego cursó un doctorado en Inmunología Molecular y Patología Experimental de la Universidad de Florida y completó la capacitación postdoctoral en Biología Celular en la Universidad de Miami y Pensilvania. Su carrera académica comenzó en la Universidad George Washington en Washington DC, donde residió durante 11 años antes de mudarse a Houston en 2011.

Quién mejor que ella para conversar un poco sobre qué esperar del coronavirus y cómo aprender a vivir con la enfermedad mientras llega la ansiada vacuna.

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Como una científica acostumbrada a enfrentar grandes dilemas y retos, ¿en algún momento imaginó que la humanidad moderna enfrentaría una epidemia como el coronavirus?
Como científicos siempre hemos tenido esa predicción que probablemente enfrentaríamos varios brotes, varias epidemias, lo que nunca imaginamos es que en efecto como humanidad moderna íbamos a desencarar tanta deficiencia que tenemos en el mundo en el área de sistemas de salud, y esto se ha visto no sólo en países en vía de desarrollo, la verdad es que nos hemos dado cuenta de lo mal preparados que estamos en general en todo el mundo, ya sea en países que tienen dinero o países que no tienen tanto. Lo bueno es que dentro de la modernización de las tecnologías gracias a Dios y con los avances que tenemos en las áreas de genómica y protiómica o virología e inmunología, rápidamente nos dimos cuenta qué virus era y teníamos su secuencia.

¿Qué hace al coronavirus tan difícil de contrarrestar? ¿Qué características diferentes tiene en comparación a cualquier otro, que hace tan compleja la creación de una vacuna?
Creo que la dificultad es lo rápido que se transmitió este virus globalmente por el hecho que tiene una gran capacidad de infectividad y porque quien infecta a la población humana son personas que no tienen síntomas entonces uno no puede ni siquiera hacer un rastreo de quienes están transmitiéndola. Si usted no las puede detectar porque son asintomáticas es mucho más difícil trazar donde empezó y cuáles son los puntos de contacto de la infección. La otra dificultad que hemos visto es que es un virus muy complejo donde no necesariamente solo es una infección respiratoria sino que también es una infección que está afectando el cuerpo humano a muchos niveles entonces eso hace más complejo el entendimiento de la patología del virus.
Para nosotros la creación de la vacuna ya es un proceso complejo en general, teníamos varias experiencias de otras iniciativas para crear la vacuna contra el coronavirus, eso nos ha ayudado un poco porque teníamos varios entendimientos pero eso tampoco asegura que vamos a tener una vacuna rápidamente, tenemos que tomar ventaja de lo que ya conocíamos acerca del SARS y MERS pero vamos a tener que rápidamente aplicarlo al coronavirus.

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"Es poco productivo decir que si hubiéramos hecho esto o aquello, ahora hay que seguir para adelante y ver cómo podemos mejorar la situación moviéndose en el futuro".


¿Antes del Covid-19, en qué vacuna o proyecto tenía enfocado su trabajo y energías?
Nosotros hemos tenido un programa contra coronavirus desde 2011 o sea que ya teníamos actividades en desarrollo de vacunas contra el SARS y el MERS. Nosotros nos dedicamos también a desarrollar vacunas contra enfermedades tropicales desatendidas, la verdad es que antes del COVID-19 el balance de nuestras actividades era bastante equitativo entre todo nuestro portafolio de más o menos una media docena de vacunas, pero varios de esos programas ahorita están un poco pausados porque estamos dándole atención 100% a avanzar la vacuna del SARS y del COVID-19.

¿Desde el punto de vista científico, cómo cree que se desarrollará en el futuro inmediato esta pandemia, cuánto tiempo más considera que viviremos con ella?
Es un proceso bastante largo. Como todos saben ya hemos pasado casi cuatro-cinco veces varias etapas de las 4 de la enfermedad, desde la de iniciación hasta la distanciación física máxima, tratando de desarrollar no sólo diagnósticos, vacunas y terapias, sino también tratando de ver cómo mejoramos nuestro sistema de salud. Para regresar de un nivel cuatro hasta un nivel uno lo vamos a tener que hacer de una manera gradual, probablemente nos vamos a tardar más de unos seis meses, probablemente hasta un año, hay que tener mucha paciencia y hacerlo de manera controlada, incrementando el concepto de hacer vigilancia de los casos. Por eso tenemos que tener las muestras de diagnóstico y los métodos para hacer esta vigilancia.

Los países que no incrementen las pruebas están en desventaja; poco a poco se van a tener que incrementar alrededor del mundo y obviamente a largo plazo tener el acceso a una vacuna. Como a todos, en Honduras y en otros lados del mundo, la pandemia nos tomó un poco por sorpresa, se descubrió de nuevo que no hay buenos sistemas de salud pública, no hay suficiente buena coordinación, obviamente todo se trató de hacer a la carrera y yo creo que lo único que podemos decir es que hay que aprender de lo que ha ocurrido y tratar de incrementar mejores alianzas y mejores posibilidades de mejorar los sistemas de aquí en adelante. Es poco productivo decir que si hubiéramos hecho esto o aquello, ahora hay que seguir para adelante y ver cómo podemos mejorar la situación moviéndose en el futuro.

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"Tenemos grandes presiones y al mismo tiempo sabemos que somos un poco privilegiados porque tenemos una solución en nuestras manos y realmente podemos hacer un impacto muy grande dentro del mundo".

¿Cómo ha cambiado su vida, personalmente, desde esta pandemia?
Es bastante difícil, tratando de coordinar no solo la parte técnica del laboratorio, sino también hacer todas las actividades de la casa, saber que nuestras familias están en riesgo ya sea mi hermano aquí en Estados Unidos; mi hermana y mi mamá en Italia; mi papá en Honduras; mis primos por todos lados; pues es difícil manejarlo en el contexto de que yo tengo bastante conocimiento de lo que está sucediendo detrás de las líneas y a veces es un trabajo arduo no sólo comunicarlo con la familia sino que comunicarlo también con la gente alrededor del mundo.


¿Siente miedo, incertidumbre… qué emociones pasan por su mente en este momento de crisis?
Uno obviamente siente miedo y mucha incertidumbre. Pensando por ejemplo qué pasa con algún familiar, especialmente mi papá o mi mamá que ya son personas ancianas; qué pasa si les diera la infección y yo no me puedo movilizar a verlos o ayudarlos. Creo que eso siempre está detrás de nuestras mentes y qué haría en un caso extremo, cómo resolvería o que haría, eso no se sabe pero gracias a Dios no he tenido que enfrentar esa situación.

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¿Cómo es ahora un día normal en su vida? ¿Cómo es el ambiente en su trabajo ante la presión de las cifras de muertes y contagio?
La verdad es que no estamos durmiendo mucho, trabajamos largas horas no solo para poner protocolos, conceptos para adelantar nuestro portafolio de vacunas, organizar reuniones con nuestros aliados y equipos de trabajo, buscar fondos, escribir literatura, manuscritos, hacer entrevistas en los medios, y al mismo tiempo hay que recordar que uno tiene que comer, hacer contacto con sus familias.

Tenemos grandes presiones y al mismo tiempo sabemos que somos un poco privilegiados porque tenemos una solución en nuestras manos y realmente podemos hacer un impacto muy grande dentro del mundo. Sabiendo que podemos avanzar una vacuna que posiblemente puede ser parte de una solución entonces tengo que decir que no ha sido una vida normal, ha sido muy interesante pero al mismo tiempo pues muy privilegiada por estar realmente dentro de los grupos que están altamente reconocidos y dando todos los esfuerzos posibles y con todo el apoyo de nuestros aliados y nuestras instituciones para poder avanzar nuestra vacuna.

Nunca habíamos trabajado con un virus que causara este tipo de pandemia, pero todas nuestras vacunas son muy importantes, tenemos que recordar que de igual manera como ahora vemos millones de personas afectadas por este virus, hay muchas otras poblaciones alrededor del mundo que están siendo afectadas por las enfermedades tropicales, que están desentendidas y que son en efecto grupos vulnerables por eso corren aún más el riesgo de infectarse por este coronavirus porque tienen otras enfermedades crónicas como parásitos intestinales o mal de chagas.

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"Con todo y todo nos hemos acercado un poco como humanidad a quebrantar esas discriminaciones entre rico y pobre, entre mujeres y hombres, entre ancianos y niños, entre latinos o asiáticos o del medio oriente, al final esto nos recuerda que somos susceptibles y que no tiene ninguna importancia de qué color o demografía somos, todos somos vulnerables"

Desde finales de 2019 hasta la actualidad, ¿qué cosas nuevas sabemos del Covid-19 que nos pueden dar alguna luz para combatirlo?
Tenemos grandes tecnologías para poder entender el virus, cómo se transmite, cómo hacer los estudios en la parte científica. Sabemos un poco más qué está sucediendo con la población que se infecta, lo que si no sabemos es que grandes secuelas va a tener después que una persona se recupere y cómo vamos a mejorar estos métodos de diagnóstico. Lo más importante es cómo vamos a combatirlo realmente, ya se decidió que para reducir la severidad de estas infecciones y poder regresar a lo más cercano a la normalidad será el hecho de tener una buena vacuna y al mismo tiempo tener muy buenos métodos de diagnóstico y una cantidad de potenciales fármacos que pueden ayudar al tratamiento.

¿En qué momento y cómo cree que deberíamos reintegrarnos a la vida normal para poder frenar un poco el impacto económico de esta pandemia?
Poco a poco, con paciencia, entendiendo cuáles son nuestros entornos, saber a dónde vamos, a qué nos exponemos, mantener siempre esos límites de contacto social o físico, mantener buenos hábitos de higiene, la verdad es que nos tocará vivir probablemente todavía un poco más de tiempo.

Nos toca vivir con la pandemia, ¿cómo visualiza que será nuestra vida de ahora en adelante?
Debemos pensar por ejemplo cómo vamos a empezar a viajar de nuevo, cómo vamos a empezar a tener reuniones, a poder compartir con nuestras familias, cómo vamos a mejorar los sistemas de salud, realmente es un ecosistema bastante complejo.

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¿Como hondureña, que aconsejaría a sus compatriotas para protegernos y adaptarnos de la mejor manera a la crisis?
Que sigamos protegiéndonos, cada persona sabe cómo hacerlo individualmente pero con el objetivo que uno se protege para proteger la salud pública y a la comunidad, que al uno protegerse, protege al vecino, y eso es lo que tenemos que continuar.

¿Qué lecciones podría decir que le ha dejado esta crisis sanitaria, como ser humano y como profesional de la medicina?
Con todo y todo nos hemos acercado un poco como humanidad a quebrantar esas discriminaciones entre rico y pobre, entre mujeres y hombres, entre ancianos y niños, entre latinos o asiáticos o del medio oriente, al final esto nos recuerda que somos susceptibles y que no tiene ninguna importancia de qué color o demografía somos, todos somos vulnerables y yo creo que esa es la lección.

La otra es que hay que crear procesos y maneras para crear sostenibilidad, para realmente atacar los problemas globales que son muchos no sólo en el área del coronavirus. La verdad es que tenemos que buscar maneras de atacar las brechas globales que tenemos y tener un mundo y una humanidad mejor.

¿Quiénes la inspiran en este momento?
Me inspiran todas esas personas sufriendo, especialmente las que han perdido a una persona muy importante y especial en sus vidas.

¿Su lectura favorita estos días?
Estoy leyendo artículos científicos, no he tenido la oportunidad de leer algo que no sea en el área de la investigación del coronavirus.


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