En cada toma de posesión hay un momento que, aunque dura apenas unos segundos, marca formalmente el inicio de un gobierno: la colocación de la banda presidencial, cruzada sobre el pecho del nuevo mandatario. La cinta, más que un accesorio del protocolo, es un símbolo visible de la autoridad constitucional; representa el traspaso del poder y la continuidad democrática del país. Sin esta banda, el acto estaría incompleto.
Para la investidura presidencial de 2026 se eligió una banda elegante y sobria. Lissette Asfura y Tomás Zambrano fueron los encargados de colocar este signo de identidad e historia sobre el presidente electo, Nasry Asfura.
Los hondureños pudieron apreciar la belleza de esta prenda, compuesta por dos franjas azul marino, una franja blanca y el escudo nacional bordado con precisión. En él, montañas, herramientas, volcanes y un sol naciente se reducen a milímetros que deben conservar forma, simetría y perfecta armonía.
Aunque a simple vista parezca una pieza sencilla, su confección exige paciencia, oficio y una mano experta. No se fabrica en serie: cada banda presidencial es una obra artesanal única. Y ese trabajo solo podía hacerlo una persona.
Las manos que la han hecho por más de 30 años
María de los Ángeles Valladares fue la encargada de confeccionar la banda presidencial, y no es la primera vez: ¡lo ha hecho desde 1994!
Su trabajo es discreto. Trabaja con luz natural, por horas limitadas, cuidando cada detalle. Antes de empezar, hace una oración. Para ella, bordar la banda no es un encargo común: es una responsabilidad con la historia del país.
En más de 30 años, no se ha repetido exactamente ninguna banda presidencial. Aunque la estructura general se mantiene, cada una posee particularidades en el bordado y los acabados.
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Un detalle que nadie ha visto
Para el periodo 2026–2030, Nasry Asfura solicitó un detalle especial en la banda, descrito por la prensa como un gesto simbólico “nunca antes visto” en una banda hondureña. El contenido exacto se mantuvo en reserva hasta la ceremonia, convirtiendo la pieza en algo aún más personal sin perder su carácter institucional.
Lo curioso es que nadie ha revelado públicamente de qué se trata: no se ha detallado en entrevistas ni se aprecia con claridad en las imágenes oficiales. Por ahora, el significado queda guardado entre el presidente y la costurera que bordó la banda, un secreto que solo ellos conocen.