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Seguimiento en línea de vuelos irrita a Elon Musk y Kylie Jenner

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¿Cómo molestar a empresas de transporte rusas, Elon Musk, las autoridades chinas y la celebridad televisiva Kylie Jenner? Haciendo seguimiento de sus aviones.

08/ago 2022

Páginas web y cuentas de Twitter rastrean vuelos y ofrecen información en tiempo real del tráfico aéreo -y, a veces, son fuente de noticias importantes como el viaje de Nancy Pelosi a Taiwán-, pero esa exposición genera desde reclamos hasta la solicitud de incautaciones de equipos.

Cada año compañías de transporte aéreo rusas o propietarios de aviones sauditas, entre otras personalidades le piden a Dan Streufert, fundador del sitio web ADS-B Exchange, que deje de publicar sus desplazamientos. Sin éxito.

$!Seguimiento en línea de vuelos irrita a Elon Musk y Kylie Jenner

“Hasta ahora no hemos retirado nada. Son informaciones públicas. Y no quiero ser el arbitro que decide quién tiene la razón o quién no”, explica Streufert.

En algunos casos existen límites, pero quienes publican dichas trayectorias de vuelos subrayan que la fuente de información principal está disponible legalmente y es accesible a todo aquel que disponga del equipo necesario.

La ley estadounidense exige que los aviones que se encuentren en ciertas zonas estén equipados de sistemas por satélite ADS-B, que envía periódicamente la posición del aparato por radio a los controladores aéreos.

Un sitio web como Flightradar24 dispone de 34.000 receptores en tierra en todo el mundo, pudiendo captar este tipo de señales, unos datos que son enviados a una red central y cruzados con los horarios de vuelo y otras informaciones.

Lograr identificar al propietario de un avión es otra historia, según Jack Sweeney, de 19 años y creador de la cuenta de Twitter @CelebrityJets, que encontró el jet privado del magnate Elon Musk tras pedir información a los archivos públicos del gobierno estadounidense.

$!Jack Sweeney

El patrón de Tesla le ofreció 5.000 dólares para cerrar la cuenta @ElonJet, con más de 480.000 seguidores y que sigue todos los movimientos del avión del multimillonario.

“A la gente le encanta ver lo que hacen las celebridades, y el tema de las emisiones”, subrayó Sweeney a la AFP, a propósito de la indignación de las personas por la huella de carbono de los vuelos.

Publicar este tipo de informaciones en Twitter “hace más fácil a la gente acceder y entender”, agrega.

“Hasta ahora no hemos retirado nada. Son informaciones públicas. Y no quiero ser el arbitro que decide quién tiene la razón o quién no”, explica Streufert.

En algunos casos existen límites, pero quienes publican dichas trayectorias de vuelos subrayan que la fuente de información principal está disponible legalmente y es accesible a todo aquel que disponga del equipo necesario.

La ley estadounidense exige que los aviones que se encuentren en ciertas zonas estén equipados de sistemas por satélite ADS-B, que envía periódicamente la posición del aparato por radio a los controladores aéreos.

Un sitio web como Flightradar24 dispone de 34.000 receptores en tierra en todo el mundo, pudiendo captar este tipo de señales, unos datos que son enviados a una red central y cruzados con los horarios de vuelo y otras informaciones.

Lograr identificar al propietario de un avión es otra historia, según Jack Sweeney, de 19 años y creador de la cuenta de Twitter @CelebrityJets, que encontró el jet privado del magnate Elon Musk tras pedir información a los archivos públicos del gobierno estadounidense.

El patrón de Tesla le ofreció 5.000 dólares para cerrar la cuenta @ElonJet, con más de 480.000 seguidores y que sigue todos los movimientos del avión del multimillonario.

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“A la gente le encanta ver lo que hacen las celebridades, y el tema de las emisiones”, subrayó Sweeney a la AFP, a propósito de la indignación de las personas por la huella de carbono de los vuelos.

Publicar este tipo de informaciones en Twitter “hace más fácil a la gente acceder y entender”, agrega.

“Los datos ya están ahí”

En julio, la cuenta @CelebrityJets reveló que Kylie Jenner había tomado un jet privado para un vuelo de 17 minutos en California, lo que provocó revuelo en las redes sociales.

“Nos dicen a las personas de clase trabajadora que nos sintamos mal por tomar un vuelo al año en unas necesarias vacaciones, mientras que las celebridades toman vuelos privados cada dos días como si fuera un Uber”, tuiteó una usuaria indignada.

Ni Sweeney ni Streufert mencionaron líneas rojas sobre la publicación de estos recorridos aéreos.

“Los datos ya están ahí. Yo solo los redistribuyo”, afirmó Jack Sweeney.

Esta actividad también genera ingresos, aunque no se sabe la cantidad precisa. Dan Streufert reconoce que se gana la vida se esta forma pero se rehúsa a dar detalles, mientras que Sweeney asegura que sus cuentas de seguimiento de vuelos le reportan unos 100 dólares al mes.

Por su parte, Flightradar24 no hace pública su facturación.

El rastreo de vuelos también puede tener un impacto importante más allá del enojo de los famosos y millonarios, como lo demostró la polémica visita el martes de la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, a Taiwán. Su vuelo fue seguido por más de 700.000 personas en el sitio Flightradar24 al momento de su aterrizaje.

En agosto, un informe de una ONG señaló que la agencia europea de vigilancia de fronteras, Frontex, trabajaba en evitar que migrantes intentaran la peligrosa travesía del Mediterráneo apoyándose en datos ADS-B, mientras que medios estadounidenses los usaron para denunciar la presencia de vuelos de vigilancia en manifestaciones antirracistas en Washington en 2020.

Luego de estas revelaciones, decenas de parlamentarios de Estados Unidos pidieron en una carta al FBI y otras agencias del gobierno “cesar la vigilancia de manifestantes pacíficos”.

En otras partes del mundo, los gobiernos han mostrado claramente que esta tecnología y este tipo de datos no son bienvenidos.

Un medio oficial chino informó en 2021 que el gobierno había incautado centenares de receptores utilizados por sitios de seguimiento de vuelos en tiempo real bajo el argumento de riesgo de “espionaje”.

“En muchos casos, son los regímenes autoritarios los que no quieren este tipo de visibilidad”, explica Dan Streufert.

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